25.5.06

Elecciones

La sociedad inventa una lógica falsa y retorcida para absorber y canalizar el comportamiento de la gente cuyo comportamiento está fuera de los cánones mayoritarios. Supongamos que conoces todos los pros y los contras, sabes que vas a tener una vida corta, estás en posesión de tus facultades, etcétera, etcétera, pero sigues queriendo utilizar la heroína. No te dejarán hacerlo. No te dejarán hacerlo, porque lo verían como una señal de su propio fracaso. El hecho de que simplemente elijas rechazar lo que tienen para ofrecerte. Elígenos a nosotros. Elige la vida. Elige pagar hipotecas; elige lavadoras; elige coches; elige sentarte en un sofá a ver concursos que embotan la mente y aplastan el espíritu, atiborrándote la boca de puta comida basura. Elige pudrirte en vida, meándote y cagándote en una residencia, convertido en una puta vergüenza total para los niñatos egoístas y hechos polvo que has traído al mundo. Elige la vida.

Pues bien, yo elijo no elegir la vida. Si los muy cabrones no pueden soportarlo, ése es su puto problema. Como dijo Harry Lauder, sólo pretendo continuar así hasta el final del camino.
Irvine Welsh, Trainspotting

18.5.06

Pena

Hasta cierto punto el pensamiento o el espectáculo de la pena atrae nuestros mejores sentimientos, pero en algunos casos especiales no van más allá. Se equivocan quienes afirman que esto se debe al natural egoísmo del corazón humano. Más bien proviene de cierta desesperanza de remediar un mal orgánico y excesivo. Y cuando se percibe que esa piedad no lleva a un socorro definitivo, el sentido común ordena al alma librarse de ella.
Herman Melville, Bartleby el escribiente

10.5.06

Futuro, olvido

Con ingenuidad, creí que aunque el futuro fuera incierto, el pasado ya no me inquietaba. ¡Pero la memoria no es un libro! ¡Nuestro pasado nunca está quieto! Podemos ir una y otra vez a los libros de historia y encontrar las mismas letras. Allí el pasado sí es tranquilo. Pero la memoria, la memoria elige cuando indicará con rojo un recuerdo y cuando lo adormecerá con una luz mortecina. Podemos creer que hemos olvidado un suceso durante años, y ser víctimas de una jugada de la memoria, que lo trae nuevamente una noche cualquiera. Nadie nunca puede estar seguro de sus olvidos. Nadie sabe cuándo ha olvidado.
Marcelo Birmajer, El alma al diablo