27.4.06

Golpes

Es cierto que en realidad apenas sí me has golpeado en una ocasión. Pero el gritar, el enrojecerse de tu rostro, el aflojarte el cinturón con rapidez y dejarlo listo en el respaldo de la silla eran para mí casi más irritantes. Es como cuando alguien debe ser ahorcado. Si realmente lo es, entonces muere y todo termina. Pero si debe vivir todos los preparativos y sólo cuando tiene la soga delante del rostro se entera de su indulto, aquello puede hacerlo sufrir a lo largo de su vida. Además, al juntar las muchas ocasiones cuando, según lo manifestabas con toda claridad, hubiera merecido unos cuantos golpes pero gracias a tu misericordia me libraba de ellos, se acrecentaba una vez más mi sentido de culpabilidad. Según tú, desde todos los puntos de vista resultaba siendo yo el culpable.
Franz Kafka, Carta al padre

19.4.06

Esperanza

Eso era todo lo que un hombre necesitaba: esperanza. Era la falta de esperanza lo que hundía a un hombre. Recordaba mis días en New Orleans, viviendo de dos barritas de caramelo de 5 centavos al día durante semanas con tal de no trabajar y tener tiempo para escribir. Pero el morirse de hambre, desgraciadamente, no ayuda a mejorar el arte. Sólo era un impedimento. El alma de un hombre estaba radicada en su estómago. Un hombre podía escribir mucho mejor después de haberse zampado un buen solomillo de ternera y bebido medio litro de whisky de lo que jamás podría hacerlo después de haber comido una barrita de caramelo de níquel. El mito del artista hambriento era una falacia. Una vez que te dabas cuenta de que todo era una falacia, conseguías la sabiduría y empezabas a sangrar y a arder en llamas y a romper tu ser en explosiones. Yo construiría un imperio con los cuerpos fracturados y las vidas de los hombres sin esperanza, mujeres y niños... Les impulsaría a todos ellos a lo largo de todo el camino. ¡Les enseñaría!
Charles Bukowski, Factótum

6.4.06

Presente & futuro

El hombre atraviesa el presente con los ojos vendados. Sólo puede intuir y adivinar lo que de verdad está viviendo. Y después, cuando le quitan la venda de los ojos, puede mirar al pasado y comprobar qué es lo que ha vivido y cuál era su sentido.
Milan Kundera, El libro de los amores ridículos

3.4.06

Palabra secreta

Éste es un libro de no memorias. Ocurre ahora mismo, no importa cuándo fue, es o será ese ahora mismo. Es un libro igual a cuando uno se duerme en un sueño profundo y sueña intensamente, pero hay un instante en que se despierta, se desvanece la somnolencia, y del sueño queda sólo un gusto de sueño en la boca y en el cuerpo, queda sólo la certeza de haber dormido y de haber soñado. Hago lo posible para escribir guiado por el azar. Quiero que la frase ocurra. No sé expresarme en palabras. Lo que siento no es traducible. Yo me expreso mejor en silencio. Expresarme por medio de palabras es un desafío. Pero no estoy a la altura del desafío. Salen palabras pobres. ¿Y cuál es al fin y al cabo la palabra secreta? No lo sé. ¿Y por qué me atrevo con ella? ¿No lo sé sólo porque no me atrevo a decirla?
Clarice Lispector, Un soplo de vida (Pulsaciones)