18.7.05

metamorfosis

De aquí en adelante, vamos a jugar que escribimos. Escribir en el sentido de dejar de plagiar libros ajenos. Escribir en el sentido de crear textos con palabras propias. Escribir en el sentido de ir vomitando la mierda de la cabeza.

Nos mudamos a una nueva casa. Más que casa, es un columpio.

El plural, ¿por qué el plural? Ahora hay dos seudónimos. El Hierofante vive aún, no sabríamos decir si es inmortal o no, pero por el momento no ha muerto; podríamos suponer que ha entrado en coma. El nuevo: Hiscariotte. Tampoco sabemos si es inmortal, pero por el momento es virgen, así que se ruega tenerle paciencia, a lo mejor algún día aprende a escribir.

La H no suena, pero existen excepciones.

Este collage de textos queda a la disposición de la concurrencia; quien desee pasearse por aquí tiene las puertas abiertas. Cuando no tengamos que escribir vendremos por aquí a sacar algo para decorar la nueva casa: de algo tiene que servir quedarnos con la llave.

Todos los visitantes regulares están invitados al columpio. El resto también.

Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana de su inquieto sueño, se encontró en la cama, convertido en un insecto gigante.
Franz Kafka, La metamorfosis

14.7.05

soledad

Es la misma negación de la existencia de Dios, y no la búsqueda de Él, lo que origina la odisea interior del ser que busca el elemento primero de la filosofía del ser. El ser que busca el existencialismo es el ser individual de cada individuo, el que él debe forjar por sí mismo partiendo de las circunstancias desprovistas de sentido que le rodean, de una serie de limitaciones sin significado, tal como se le ofrecen. Esta creación de nuestro propio ser –la construcción de la propia esencia tomando como base la simple existencia- se nos impone a cada uno de nosotros porque, según el existencialismo, no hay una esencia única, de la Humanidad, a la cual podamos dirigirnos, lógicamente, para hallar en ella el ideal o modelo según el cual debamos construir nuestra vida. Y no hay un concepto global de la Humanidad, porque no hay Dios.

El hombre es totalmente responsable, de modo personal, de todo lo que hace y de todo lo que es. No hay valores superiores al hombre o externos a él. Por eso, un hombre puede optar por precedentes diversos y no se encuentra sujeto a fórmulas prescritas de pensamiento o conducta.

Como cada persona es ella misma de modo único, desemejante a todas las demás, nadie debe intentar imponer reglas de conducta a los demás; la decisión individual es algo imperativo y de sobresaliente importancia. Sin embargo, nadie puede considerar su libertad con ligereza; la libertad no es una bendición, sino una carga casi insoportable. El hombre está “condenado” a ser libre, porque el hombre se encuentra forzado a luchar en un mundo de fuerzas en conflicto y falsos valores. Los valores son meras pretensiones, consuelos engañosos que no consiguen aliviar nuestros incurables temores. Existen despertadores, letreros, policías, numerosas barreras contra el miedo; pero tan pronto como fijo la atención en mi mismo, me encuentro de pronto con que yo soy quien da su significado al despertador, quien se abstiene de pisar el césped en el caso del letrero, el que dota de obligatoriedad a la orden de la autoridad. Me encuentro solo y amedrentado ante el elemento único y primordial que constituye mi ser; todas las barreras se derrumban, aniquiladas por la conciencia de mi libertad. No poseo ningún argumento, ni habría podido encontrarlo, contra el hecho de que soy yo quien encarna los valores en mi vida; nada puede proporcionarme una seguridad contra mí mismo. Separado del mundo y de mi esencia por la inanidad que yo soy, tengo que establecer el significado del mundo y de mi esencia: yo soy quien lo decide, solo, sin justificación y sin excusa.
Jean Paul Sartre

11.7.05

billar

La desgraciada circunstancia de que estuviera prohibido el acceso a los menores de edad a los salones de billar le impidió comprobar durante demasiado tiempo que, en la realidad, la imagen dorada de un billar puede convertirse en una metáfora exacta del error, y en lugar casi demostrativo de la humana inaccesibilidad a la exactitud. Una sola velada en Merry’s le hubiera proporcionado útiles indicaciones sobre la irremediable injerencia del azar en todas las figuras geométricas. Bajo la luz humeante colgada sobre tapetes verdes manchados de grasa habría visto caras en las que se ratificaba, como en jeroglíficos, la derrota de una ilusión, la de querer entrelazar armónicamente intención y realidad, imaginación y hechos. No le habría sido difícil, en definitiva, descubrir un mundo imperfecto, en el que era extremadamente improbable sorprender entre las fisonomías de los jugadores la, solemne y confortante, de Dios.
Alessandro Baricco, City

7.7.05

espectador anónimo

Terminando de convencerse que saltar al vacío desde el balcón donde estaba era la única salida para sus problemas, el suicida se distrajo mirando una pareja que llegaba al mismo edificio. Se fijó como ella le pedía a él que la esperara, mientras entraba y éste, nervioso, caminaba en círculos fumando. Levantándose y haciendo puntería hacia la acera, vio salir a la mujer con un papel que le entregó a su acompañante. Éste lo arrojó y, saltando, la abrazó dando vueltas para luego besarla y arrodillado acariciarle el vientre. El espectador anónimo suspiró... miró hacia abajo... la pareja estaba justo bajo el balcón... sonrió.
Rodrigo Torres, Santiago en 100 palabras

4.7.05

verdades inútiles

EL AMO: Jacques... Escucha, Jacques... Dímelo francamente... pero francamente de verdad, ¿me entiendes?... ¿Es cierto que esa mujer tenía un gran culo, o sólo lo dices por complacerme?

JACQUES: ¿A qué vienen esas preguntas inútiles, Señor?

EL AMO (melancólico): No tenía un gran culo, ¿verdad?

JACQUES (tiernamente): No hagáis preguntas, Señor. Ya sabéis que no me gusta mentir.

EL AMO (melancólico): De modo que me has inducido a error, Jacques.

JACQUES: No me lo reprochéis.

EL AMO (con nostalgia): No te lo reprocho, amigo Jacques. Lo hiciste por mi bien.

JACQUES: Sí, Señor. Sé cuánto os gustan las mujeres que tienen un gran culo...

EL AMO: Eres bueno. Eres un buen servidor. Los servidores deben ser buenos y decirles a sus amos lo que sus amos quieren oír. Nada de verdades inútiles, Jacques.

JACQUES: No temáis nada, Señor. A mí no me gustan las verdades inútiles. No conozco nada más estúpido que una verdad inútil.

EL AMO: ¿Por ejemplo?

JACQUES: Por ejemplo, que somos mortales. O que este mundo está podrido. Como si no lo supiéramos. Y ya conocéis a esos hombres que entran como héroes en escena y que exclaman: “¡Este mundo está podrido!”. El público aplaude, pero no es eso lo que le interesa a Jacques, porque Jacques lo sabía doscientos, cuatrocientos, ochocientos años antes que ellos, y mientras ellos exclaman que este mundo está podrido, Jacques prefiere inventar para complacer a su amo...

EL AMO: ... a su podrido amo...

JACQUES: ... a su podrido amo, mujeres con grandísimos culos, tal como le gustan a su amo.

EL AMO: Sólo yo y el que está por encima de nosotros sabemos que eres el mejor servidor de entre todos los servidores que jamás hayan servido.

JACQUES: Pues entonces no hagáis más preguntas, no intentéis saber la verdad y escuchadme: ella tenía un gran culo...
Milan Kundera, Jacques y su amo