28.4.05

hombres

No sentía ira hacia Kino. Él había dicho “soy un hombre”, y eso significaba determinadas cosas para Juana. Significaba que era mitad loco y mitad dios. Significaba que Kino se lanzaría con toda su fuerza contra una montaña y se sumergiría con toda su fuerza en lucha con el mar. Juana, en su alma de mujer, sabía que la montaña permanecería impasible y el hombre, en cambio, se destrozaría; que el mar se agitaría y el hombre, en cambio, se ahogaría. Y, sin embargo, era eso lo que hacía de él un hombre, mitad loco y mitad dios, y Juana tenía necesidad de un hombre; no podía vivir sin un hombre. Si bien podía verse confundida por esas diferencias entre hombres y mujeres, los conocía y los aceptaba y los necesitaba. Por supuesto, le seguiría, eso estaba fuera de toda cuestión. En ocasiones, la condición de mujer, la sensatez, la cautela, el instinto de conservación, lograban imponerse a la condición de hombre de Kino y salvarlos a todos.
John Steinbeck, The pearl

25.4.05

tres

-¿Eres Tú, en efecto?

Pero, sin esperar la respuesta, prosigue:

-No hables, calla. ¿Qué podrías decirme? Demasiado lo sé. No tienes derecho a añadir ni una sola palabra a lo que ya dijiste. ¿Por qué has venido a molestarnos?... Bien sabes que tu venida es inoportuna. Mas yo te aseguro que mañana mismo... No quiero saber si eres Él o sólo su apariencia; sea quien seas, mañana te condenaré; perecerás en la hoguera como el peor de los herejes. Verás cómo ese mismo pueblo que esta tarde te besaba los pies, se apresura, a una señal mía, a echar leña al fuego. Quizá nada de esto te sorprenda...

Y el anciano, mudo y pensativo, sigue mirando al preso, acechando la expresión de su rostro, serena y suave.

-El Espíritu terrible e inteligente -añade, tras una larga pausa-, el Espíritu de la negación y de la nada, te habló en el desierto, y las Escrituras atestiguan que te "tentó". No puede concebirse nada más profundo que lo que se te dijo en aquellas tres preguntas o, para emplear el lenguaje de la Escritura, en aquellas tres "tentaciones". ¡Si ha habido algún milagro auténtico, evidente, ha sido el de las tres tentaciones! ¡El hecho de que tales preguntas hayan podido brotar de unos labios, es ya, por sí solo, un milagro! Supongamos que hubieran sido borradas del libro, que hubiera que inventarlas, forjárselas de nuevo. Supongamos que, con ese objeto, se reuniesen todos los sabios de la tierra, los hombres de Estado, los príncipes de la Iglesia, los filósofos, los poetas, y que se les dijese: "Inventad tres preguntas que no sólo correspondan a la grandeza del momento, sino que contengan, en su triple interrogación, toda la historia de la Humanidad futura", ¿crees que esa asamblea de todas las grandes inteligencias terrestres podría forjarse algo tan alto, tan formidable como las tres preguntas del inteligente y poderoso Espíritu? Esas tres preguntas, por sí solas, demuestran que quien te habló aquel día no era un espíritu humano, contingente, sino el Espíritu Eterno, Absoluto. Toda la historia ulterior de la Humanidad está predicha y condensada en ellas; son las tres formas en que se concretan todas las contradicciones de la historia de nuestra especie. Esto, entonces, aún no era evidente, el porvenir era aún desconocido; pero han pasado quince siglos y vemos que todo estaba previsto en la Triple Interrogación, que es nuestra historia. ¿Quién tenía razón, di? ¿Tú o quien te interrogó?
Fedor Dostoievsky, El Gran Inquisidor

21.4.05

puteada

-Dáme lo dié guitas, negro e’mierda –gritó el diariero de la esquina-. La puta madre que te remil parió, conchudo e’mierda, me cago en tu madre y en la reputa que te recontraparió, cabrón hijo de puta.

-Dixit –proclamó el cronista, encantado-. Qué animal. Son los seis días en bicicleta de la puteada.

-También en eso somos campeones –dijo Juan-. El incremento de la puteada debe estar en razón inversa de la fuerza de un pueblo.

-No es tan sencillo –dijo Andrés-. Más bien un problema de tensiones. Lo que vos querés decir es que nuestra puteada es hueca, un relleno para cualquier vacío vital. Puteamos por nada, nos damos cuerda, nos tendemos un puentecito sobre eso que se abre a los pies y nos puede tragar. Entonces cruzamos sobre la puteada y el impulso nos dura un rato, hasta la próxima. En cambio el símbolo de Cambronne es formidable y Hugo lo vio bien claro. El tipo puteó en el punto extremo de la tensión, de manera que la puteada le salió como una ballesta, con todo Waterloo atrás.

-Tomá, tomá lo dié guita –dijo una voz aguda-. Tanto lío que hacés.

-Yo defiendo mis derechos –dijo el diariero-.

-Por otro lado las tensiones existen aquí más que en otros pueblos –siguió Andrés-. Lástima que sean las negativas, las represiones.

-Ya sé, ya vas a salir con lo de siempre –dijo el cronista-. Si nos encamáramos más no seríamos tan secos de vientre, y todo eso.

-No es eso, psicoanalista de café exprés. Lo que insinué es un doble plano de nuestro putear; el inútil como razón, pero que nos estimula, y el necesario, nacido de tensiones trágicas (perdoná) que acaba de envenenarnos. Éste tiene derecho a seguir, en el fondo es la tragedia y ya ves que mi adjetivo se sustantiva ahora macanudamente. ¿Qué es la tragedia? Una inmensa, atronadora puteada contra Zeus. No te creas que la tortura en la cabeza de Esquilo no deja de tener su segunda. Si Pascal le hace el pari a Zeus en vez de hacérselo a tata Dios, estoy seguro que lo parte un rayo.
Cortázar, El examen

18.4.05

realidades

La realidad no ha menester que la apuntalen otras realidades. No hay en los árboles divinidades ocultas, ni una inagarrable cosa en sí detrás de las apariencias, ni un yo mitológico que ordena nuestras acciones. La vida es apariencia verdadera. No engañan los sentidos, engaña el entendimiento, que dijo Goethe: sentencia que podemos comparar con este verso de Macedonio Fernández:

La realidad trabaja en abierto misterio.
Jorge Luis Borges, La nadería de la personalidad

14.4.05

mierda

Cuando yo era niño y hojeaba el Antiguo Testamento adaptado para niños y adornado con grabados de Gustav Doré, veía ahí a Dios sobre una nube. Era un anciano, tenía ojos, nariz, una barba larga y yo me decía que, si tenía boca, debía comer. Y si come, también tenía que tener tripas. Pero aquella idea me asustaba porque, aunque era hijo de una familia más bien no creyente, sentía que la idea de las tripas de Dios era una blasfemia.

Sin ningún tipo de preparación teológica, espontáneamente, comprendí desde niño la incompatibilidad entre la mierda y Dios y, de ahí, cuán dudosa resulta la tesis básica de la antropología cristiana según la cual el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios. Una de dos: o el hombre fue creado a semejanza de Dios y entonces Dios tiene tripas, o Dios no tiene tripas y entonces el hombre no se le parece.

Los antiguos gnósticos lo sentían igual que yo cuando tenía cinco años. Valentín, gran maestro de la Gnosis en el siglo segundo, decía para resolver este enrevesado problema que Jesús “comía, bebía, pero no defecaba”.

La mierda es un problema teológico más complejo que el mal. Dios les dio a los hombres la libertad y por eso podemos suponer que al fin y al cabo no es responsable de los crímenes humanos. Pero el único responsable de la mierda es aquel que creó al hombre.
Milan Kundera, La insoportable levedad del ser

11.4.05

a.r.t.e.

¿Cómo se puede transformar la catástrofe en arte?

Hoy en día el proceso es automático. ¿Que estalla una central nuclear? Tendremos una obra de teatro en los escenarios londinenses antes de un año. ¿Que asesinan a un presidente? Podemos tener el libro o la película o el libro convertido en película o la película convertida en libro. ¿Una guerra? Envían a los novelistas. ¿Una serie de asesinatos atroces? Escuchen los firmes pasos de los poetas. Tenemos que entender esta catástrofe, naturalmente; para entenderla, tenemos que imaginarla, para eso necesitamos las artes imaginativas. Pero también necesitamos justificarla y perdonarla, esta catástrofe, aunque sea mínimamente. ¿Por qué sucedió este demencial acto de la Naturaleza, este momento humano de locura? Bueno, por lo menos produjo arte. Puede que, en última instancia, las catástrofes sean para eso.
Julian Barnes, A history of the world in 10½ chapters

7.4.05

orden

Todo hombre de Estado, denme el más grave, se sorprende cotidianamente con esto:

“Ya es tarde y no he ido una sola vez al water”.

Esta mezcla profana del higiénico mueble que únicamente tiene nombre inglés y los altos negocios, es el secreto de la complicación de la vida. Por esto el orden está fuera de la realidad, visiblemente comprendido dentro de los límites del artificio.

Así, los filósofos e historiadores, y literatos, cuya labor festoneada, en numerosos semicírculos, trabajan en su línea recta, a base de los vértices de esos semicírculos que se cortan, trazan el arco inútil de la vida fuera de su obra y aislan cada punto aprovechable que después formará, en unión de los demás, el rosario que tiene por alma el hilo del sentido común.
Pablo Palacio, Débora

4.4.05

p.i.e.n.s.o.

Mi pensamiento es yo, por eso no puedo detenerme. Yo existo porque pienso... y no puedo dejar de pensar. En este mismo momento -es atroz- si existo es porque me horroriza existir. Yo, yo me saco de la nada a la que aspiro; el odio, el asco de existir son otras tantas maneras de hacerme existir, de hundirme en la existencia. Los pensamientos nacen a mis espaldas, como un vértigo, los siento nacer detrás de mi cabeza; si cedo se situarán aquí delante, entre mis ojos, y sigo cediendo, y el pensamiento crece, crece, y ahora, inmenso, me llena entero y renueva mi existencia.
Jean Paul Sartre, La nausée