31.3.05

oficio de trapero

Picasso se burlaba siempre de esos artistas que declaran estar buscando algo, que definen su trabajo como una dramática investigación, una búsqueda en medio de la incertidumbre. Yo no busco, decía, yo encuentro: ¿cómo puede buscar alguien algo que no sabe lo que es? John Richardson, que lleva publicados dos volúmenes de su biografía fabulosa y le conoció muy de cerca, cuenta que Picasso se definía a sí mismo como “el rey de los traperos”: iba siempre atento a lo que pudiera encontrarse tirado por el suelo, a lo que aparecía en la basura o en el desorden formidable de su propio estudio, donde lo mismo podía haber, entre montañas de cosas descabaladas y absurdas, una carta amorosa de Víctor Hugo olvidada debajo de una máscara de goma, una alfombra que reproducía en colores chillones Las señoritas de Aviñón, diversos gatos de cerámica y objetos de ferretería, un bote de colonia recibido como regalo en la Navidad de 1937 y nunca abierto, una gran tarta italiana endurecida y comida a medias por los ratones –de modo que guardaba un cierto parecido con el Coliseo-, un modelo a escala y en mazapán del monumento a Colón de Barcelona. Picasso no tiraba nada, dice Richardson: en una alacena tenía guardadas centenares de llaves de todos los tamaños, y casi todas herrumbrosas. Algo parecido le escuché contar hace unos años a otro biógrafo excelente, Pierre Daix: iba por la calle charlando con alguien y de pronto se quedaba callado y se inclinaba hacia el suelo con una expresión de ensimismamiento y maravilla, y era que había encontrado una tuerca que le gustó mucho y que después utilizó en una escultura.

Lo mejor no es lo que se va buscando, sino lo que se encuentra por sorpresa. Uno nunca está más a la altura de lo mejor de sí mismo, dice Nietzsche, que cuando está preparado para recibir lo que le traiga el azar. Por azar encontré yo en un puesto callejero, una mañana dominical de septiembre, las memorias de John Richardson, en las que hay tanta vivacidad y ligereza de escritura como hay sabiduría en su libro inacabado y ya oceánico sobre la vida de Picasso. Por una serie de golpes del azar, de disposiciones favorables hacia lo mejor que le sobreviniera, Richardson fue encontrándose desde su juventud con una serie de personas más o menos extravagantes o admirables que alimentaron una vocación colmado a lo largo de los años: muy pronto se dio cuenta de que no podría ser un buen pintor, pero ese hallazgo, en vez de suministrarle amargura, le guió hacia las mejores cualidades de su talento, que era el de la apreciación y el disfrute de las obras de otros, sobre todo de los grandes maestros del siglo XX, todavía vivos y empeñados en el trabajo, aún no convertidos en leyendas inaccesibles y canónicas, no sepultados en los catafalcos de los museos ni de los manuales de arte.

Cada año, por Navidad, Georges Braque enviaba a sus amigos felicitaciones con dibujos a tinta china o acuarelas de pájaros. En una juerga, Picasso decidió que le interesaba casarse con la princesa Margarita de Inglaterra, y para que Richardson y su compañero Douglas Cooper vistieran adecuadamente cuando fuesen a Buckingham Palace a formular la petición de mano, les hizo a cada uno una corona y una corbata de cartón. Una mañana, en uno de aquellos estudios de Picasso que eran como almacenes de trapero, Richardson vio de pronto una escultura hecha tan sólo con desperdicios, una cabra preñada: la panza era un cesto de mimbre; la espina dorsal, una hoja de palma; las ubres, dos jarras medio rotas; la vulva, una lata de conservas rajada; el ano, un trozo de tubería, en el cual Picasso tenía el propósito de insertar uno de esos dispositivos que hacen gemir a los muñecos y a los animales de juguete cuando se los aprieta.

Hay quien se la pasa la vida buscando o diciendo que busca algo y no encuentra nada, no logra más que simulacros laboriosos y muertos. Como un trapero que también fuera un chamán, Picasso juntaba lo que nadie quería –una lata, un cesto viejo, dos jarras, un trozo de tubería-, y a partir de esa materia, mucho menos noble y dócil que el barro, creaba una figura casi viviente de animal, una cabra primitiva y totémica. El manillar oxidado y el sillín de una bicicleta se convertían, gracias a sus manos y a su mirada de antracita, en la cabeza de un toro. Todo se pone de golpe en tu camino, dice Philip Roth hablando del acto de escribir, y no hay carretera apartada que no lleve en línea recta a tu obsesión. Ahora me intriga saber qué encuentran esos mendigos lunáticos que deambulan a media noche examinando los cubos de basura.
Antonio Muñoz Molina

28.3.05

orden

El hombre ha nacido libre, y en todas partes está encadenado. Hay quien se cree señor de los demás y es más esclavo que ellos. ¿Cómo se ha producido este cambio? Lo ignoro. ¿Qué es lo que puede hacerlo legítimo? Creo que puedo resolver esta cuestión.

Si sólo considerase la fuerza y el efecto que de ella se deriva, diría: mientras un pueblo se ve obligado a obedecer, y obedece, obra bien; tan pronto como puede sacudir el yugo, y lo sacude, obra mejor aún; pues al recobrar su libertad por el mismo derecho con que le fue arrebatada, o tiene razón para reivindicarla, o no la tenían para quitársela. Pero el orden social es un derecho sagrado que sirve de base a todos los demás. No obstante, este derecho no proviene de la Naturaleza; luego se funda en convenciones. Se trata de saber cuáles son estas convenciones.
Jean-Jacques Rousseau, Du contrat social

23.3.05

pregunt

¿Por qué tan lejos de los dioses? Quizá por preguntarlo.

¿Y qué? El hombre es el animal que pregunta. El día en que verdaderamente sepamos preguntar, habrá diálogo. Por ahora las preguntas nos alejan vertiginosamente de las respuestas. ¿Qué epifanía podemos esperar si nos estamos ahogando en la más falsa de las libertades, la dialéctica judeocristiana? Nos hace falta un Novum Organum de verdad, hay que abrir de par en par las ventanas y tirar todo a la calle, pero sobre todo hay que tirar también la ventana, y nosotros con ella. Es la muerte, o salir volando. Hay que hacerlo, de alguna manera hay que hacerlo. Tener el valor de entrar en mitad de las fiestas y poner sobre la cabeza de la relampagueante dueña de casa un hermoso sapo verde, regalo de la noche, y asistir sin horror a la venganza de los lacayos.
Rayuela, CXLVII

21.3.05

humanidad

¿Qué derecho tenéis, todos vosotros, a entorpecer mi vida, a chupar mis pensamientos, a considerarme vuestro compañero, confidente y oficina de información? ¿Por quién me tomáis? ¿Acaso soy un animador a sueldo a quien exigen cada mañana que presente una farsa intelectual ante vuestras estúpidas narices? ¿Es que soy un esclavo, comprado y pagado, para arrastrar el vientre sobre el suelo ante vosotros, holgazanes, y poner a vuestros pies todo lo que hago y todo lo que sé? ¿Soy acaso una prostituta en un burdel que ha de levantarse las faldas o quitarse la camisa a petición del primer hombre vestido con traje a medida que se presente?

Soy un hombre que desearía vivir una vida heroica, hacer el mundo más soportable a su vista. Si, en algún momento de debilidad, de relajación, de necesidad, me desahogo dejando escapar un poco de cólera ardiente cristalizada en palabras –un sueño apasionado, envuelto y atado con imágenes-, pues... tomadlo o dejadlo... ¡pero no me molestéis!

Soy un hombre libre... y necesito mi libertad. Necesito estar solo. Necesito meditar sobre mi vergüenza y mi desesperación en soledad; necesito el sol y los adoquines de la calle sin compañía, sin conversación, cara a cara conmigo mismo, con la compañía exclusiva de la música de mi corazón. ¿Qué queréis de mí? Cuando tengo algo que decir, lo publico. Cuando tengo algo que dar, lo doy. ¡Vuestra inquisitiva curiosidad me revuelve el estómago! ¡Vuestros cumplidos me humillan! ¡Vuestro té me envenena! No debo nada a nadie. Sólo sería responsable ante Dios... ¡si existiera!
Giovanni Papini

18.3.05

hablando de música

Se me hizo una invitación, que más que invitación fue una tentación: hablar de música. Se le agradece a Fátima. No me creo lo de la cadena, y si alguien lee algún comentario favorable de Cuauhtemoc Sánchez firmado con mi nick y se lo cree, pues me vale, que se lo crea, y buen provecho. No me pienso extender en explicaciones en cuanto al criterio de selección de los discos y canciones mencionados a continuación, y si alguien requiere dicha explicación, pues me lo pregunta en la caja de los comments y listo, aquí le contestamos. Tampoco pienso poner una lista de blogs de posta porque: a) ahí si parecería cadena, y esa no es mi intención, b) de hecho la gran mayoría de blogs que he visitado ya tienen publicadas sus listas, c) alguna regla había que romper. Si alguien de hecho no ha visto estas listas y quiere desarrollarla en su blog a partir de esta, pues enhorabuena. Aunque suene a obviedad o a redundancia: la lista está grande. La lista está incompleta.

10 álbumes de mi colección
1. The dark side of the moon - Pink Floyd
2. Remasters - Led Zeppelin
3. Blood money - Tom Waits
4. The best of - Nick Cave and the bad seeds
5. Greatest hits - Björk
6. Dummy - Portishead
7. Ok computer - Radiohead
8. Pequeño - Bunbury
9. Vagabundo - Robi Dräco Rosa
10. Alevosía - Luis Eduardo Aute

Los discos que me dieron vergüenza encontrar buscando la respuesta anterior:
The presidents of the United States of America

Último CD que compré:
Dry - PJ Harvey

Últimas canciones que escuché antes de escribir este post:
Avemano - Era
Innocente - Delerium
Le’ valse de Amelie - Yann Tiersen
Song of tears - Adiemus
Bang bang (my baby shot me down) - Nancy Sinatra
2:1 - Elastica

Canciones que escucho seguido y tienen significado para mí (en ningún orden específico):
Don’t cry - Guns n’ Roses
Slowly - Luis Eduardo Aute
Mojándolo todo - Luis Eduardo Aute
Roads - Portishead
Glory box - Portishead
La sirena varada - Héroes del Silencio
La espuma de Venus - Héroes del Silencio
The look of love - Dusty Springfield
Since I’ve been loving you - Led Zeppelin
Stairway to heaven - Led Zeppelin
Kashmir - Led Zeppelin
Golpe en la sien - Bushido
La felicidad - Bushido
Float - Bush
Glycerine - Bush
Alice - Tom Waits
The part you throw away - Tom Waits
Get behind the mule - Tom Waits
Under pressure – Queen
Evidence – Faith no More
Enganchado a ti - Bunbury
Quién fuera - Silvio Rodríguez
Óleo de mujer con sombrero - Silvio Rodríguez
The great gig in the sky - Pink Floyd
Careful with that axe Eugene - Pink Floyd
Sheep - Pink Floyd
Atom heart mother - Pink Floyd
Hey you - Pink Floyd
Quiero ser cowboy - Rocola Bacalao
Pagan poetry - Björk
Exit music (for a film) - Radiohead
I will - Radiohead
Fake plastic trees - Radiohead
Creep - Radiohead
Lucha de gigantes - Nacha Pop
The spy - The Doors
Into my arms – Nick Cave and the Bad Seeds
The ship song – Nick Cave and the Bad Seeds
My skin - Natalie Merchant
Crash into me - Dave Mathews Band
Vagabundo - Robi Dräco Rosa
There is no if - The Cure
Lovesong - The Cure
A la orilla de la chimenea - Joaquín Sabina
Como un explorador - Joaquín Sabina
Y sin embargo - Joaquín Sabina
Si volvieran los dragones - Sabina & Páez
Sin mi diablo - Babasónicos
Mediterráneo - Joan Manuel Serrat
Frogs - Alice in Chains
Black - Pearl Jam
I love you, I’ll kill you - Enigma
Sleep - Marianne Faithful
Rape me - Nirvana
Dumb - Nirvana
Smells like teen spirit - Nirvana
Let’s stay together - Al Green
Super charger heaven - White Zombie
Kaiowas - Sepultura
Chinga tu madre - Molotov
Train of consequences - Megadeth
Sad but true - Metallica
Round here - Counting Crows
Cadáver exquisito - Fito Páez
Mariel y el capitán - Sui generis
Joyride - Roxette
Can’t stand losing you - The Police
I remember you - Skid Row
One - U2
Sunday bloody sunday - U2
Ball & chain - Janis Jopplin
Nights in white satin - Moody Blues
You sexy thing - Hot Chocolate
Muñequita morena - Colmenar
A tajitos de caña - Pueblo Nuevo
Desaparecido - Manu Chao
Mi agüita amarilla - Los Toreros Muertos
Vulgar before me - Candlebox
Lágrimas negras - Compay Segundo
Cangrejo criminal - Héctor Napolitano
Santeria - Sublime
Bizarre love triangle - Frente
Cannon ball - Breeders
Blow up the outside world - Soundgarden
Queer - Garbage
Disarm - Smashing Pumpkins
Killing in the name - Rage Against the Machine
Is this love - Bob Marley
Trilogy suit Op. 5 - Yngwie Malmsteen
etcétera

16.3.05

nacimientos

Tu vida te interesa a ti, y eso sólo a veces, y no a la literatura, porque la vida, eso se sabe, no es sino un pretexto. La vida no tiene un autor que la organice, crea personas porque sí, sólo porque una mujer y un hombre se ensamblan y ella se equivocó en el cálculo de sus reglas debido a que febrero trajo ese año 29 días u olvidó tomar la píldora o porque él no tuvo precisamente en ese momento un preservativo a mano. Mala suerte, viejo, si es por eso que naciste y aguantas todavía. Pero los personajes del libro no obedecen al azar de la fecundación ni al deseo de engendrar, sino a un imperativo literario (¿me creían tan hombre público u orador pendejo como para decir “categórico”?), que es mucho más que vital, cada uno justificando por qué aparece en la página a ocupar con sus pies un espacio entre los renglones, a respirar en medio de los capítulos, dando razones para tener derecho a existir: nuevamente Ak y la humanidad. El héroe sólo justifica su existencia cuando es los demás, y sólo es heroico en un país heroico, lo cual rige también para la literatura. Ya Walter Benjamin señalaba que en Balzac el gladiador se convierte en un triste viajante de comercio, y en Baudelaire el héroe son el suicida o la lesbiana. Tales son los héroes de esa sociedad. Ahora es peor: ya ni siquiera existen individuos sino signos, en nuestra sociedad de masas que iguala las apariencias (¿el obrero no se pone corbata los domingos?) y nivela las formas de pensamiento y de vida (ídem), y cuyo representante más lógico sería una especie de posthéroe borroso. Y, sin embargo, en una novela de Michel Butor, un viajante de comercio que tiene una amante en Roma se pone a aprender el italiano para leer en el original la Divina Comedia, ¿podrías, di, podrías honestamente hacer que un vendedor de máquinas de escribir leyera a Dante?
Jorge Enrique Adoum, Entre Marx y una mujer desnuda

14.3.05

razones

Se podía pensar que estaba loco. Pero no era tan simple. Cuando alguien te cuenta con absoluta exactitud qué olor tiene Bertham Street, en verano, cuando acaba de dejar de llover, no puedes pensar que está loco por la única y estúpida razón que no haya estado nunca en Bertham Street. En los ojos de alguien, en las palabras de alguien, él había respirado ese aire. A su manera: pero de verdad.
Alessandro Baricco, Novecento

11.3.05

bells

Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo del continente, una parte de la tierra; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia; la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad; y por consiguiente, nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas; doblan por ti.
John Donne

9.3.05

espacios

Las formas de la naturaleza son formas humanas. Es en nuestro cerebro donde aparecen los triángulos, los entrelazamientos y los ramajes. Los reconocemos, los apreciamos; vivimos en medio de ellos. En medio de nuestras creaciones, creaciones humanas, comunicables a los hombres, nos perfeccionamos y morimos. En medio del espacio, el espacio humano, tomamos medidas; con estas medidas creamos el espacio, el espacio entre nuestros instrumentos.

El hombre poco instruido siente terror ante la idea del espacio; lo imagina inmenso, nocturno y vacío. Imagina a los seres en la forma elemental de una bola, aislada en el espacio, aplastada por la eterna presencia de las tres dimensiones. Aterrorizados por la idea del espacio, los seres humanos se encogen; tienen frío, tienen miedo. En el mejor de los casos atraviesan el espacio, se saludan con tristeza en mitad del espacio. Y sin embargo ese espacio está en su interior, se trata de su propia creación mental.

En ese espacio al que tanto temen, los seres humanos aprenden a vivir y a morir; en medio de su espacio mental surgen la separación, el alejamiento y el sufrimiento. Sobre esto hay muy poco que decir: el amante oye la llamada de su amada a través de océanos y montañas; a través de océanos y montañas, la madre oye la llamada de su hijo. El amor une, y une para siempre. La práctica del bien es una unión, la práctica del mal una desunión. El otro nombre del mal es separación; y aún hay otro más, mentira. Sólo existe un entrelazamiento magnífico, recíproco e inmenso.
Michel Houellebecq, Les particules élémentaires

7.3.05

combate

El hombre no debe consentir que en el Universo subsista lo que le causa temor. ¿Quién había de permitirse atacar al ser que no le asusta? ¿Cómo rebajarse al papel de simple bravucón, como cualquier luchador alquilado? ¿Ni quién ha de pretender ignorar el miedo, como un árbol inconsciente? Hay que combatir contra lo que nos infunde temor. Acuérdese usted del cuento de aquel clérigo inglés que prestaba los últimos auxilios a un bandido siciliano. Éste, en su lecho de muerte, le dijo: “Yo no tengo dinero con que pagarle; pero puedo darle un buen consejo para toda la vida: El pulgar en la hoja, y herir para arriba”. Yo también le digo a usted: Herir para arriba, y a las estrellas si es preciso.
Gilbert K. Chesterton, The man who was Thursday

4.3.05

cambios

Como en una criptografía, en las diferencias de los movimientos atómicos el hombre interpreta: ahí el sabor de una gota de agua de mar, ahí el viento en las oscuras casuarinas, ahí una aspereza en el metal pulido, ahí la fragancia del trébol en la hecatombe del verano, aquí tu rostro. Si hubiera un cambio en los movimientos de los átomos ese lirio sería quizá, el golpe de agua que derrumba la represa, o una manada de jirafas, o la gloria del atardecer. Un cambio en el ajuste de mis sentidos haría quizá, de los cuatro muros de esta celda la sombra del manzano del primer huerto.
Adolfo Bioy Casares, Plan de evasión

2.3.05

molino II

¿Cómo explicar el hecho de que cada adelanto en la virtud sea seguido por un nuevo vicio?

Swedenborg resuelve la cuestión afirmando que los vicios son penas infligidas a los hombres por pecados de un orden superior. Por ejemplo, los ambiciosos son condenados al infierno sodomítico. Admitiendo que esta teoría sea cierta, es preciso soportar nuestros vicios y gozar de los remordimientos que les acompañan para aproximarnos a la ventanilla de la gran Caja. Buscar la virtud equivale, pues, a tratar de huir de la prisión de los suplicios. Eso es lo que ha querido decir Lutero en el artículo XL, contra la Bula romana, en el que proclama que “las almas del Purgatorio pecan sin cesar, porque buscan la paz y evitan los tormentos”.

Igualmente, en el artículo XXXIV: “Combatir a los turcos no es más que rebelarse contra Dios, que castiga nuestros pecados por mediación de los turcos”.

Está claro, pues, que “todas nuestras buenas obras son pecados mortales” y que “es preciso que el mundo sea criminal ante Dios y que sepa que nadie puede, si la gracia, ser justo”.

Suframos pues, hermanos, sin esperar de la vida ninguna sola alegría auténtica, puesto que estamos en el Infierno.

Y no acusemos al Señor cuando veamos sufrir a niños inocentes. Nadie sabrá por qué, pero la justicia divina nos permite suponer que están expiando crímenes cometidos antes de su llegada a este mundo.

Alegrémonos de las torturas, que son otras tantas deudas pagadas, y creamos que es la misericordia la que desea que ignoremos las causas primordiales de nuestros suplicios.
August Strindberg, Inferno