31.1.05

causalidad

La Penumbra le dijo a la Sombra: “A ratos te mueves, otros te quedas quieta. Una vez te acuestas, otra te levantas. ¿Por qué eres tan cambiante?”. “Dependo”, dijo la Sombra, “de algo que me lleva de aquí para allá. Y ese algo a su vez depende de otro algo que lo obliga a moverse o a quedarse inmóvil. Como los anillos de la serpiente, o las alas del pájaro, que no se arrastran ni vuelan por voluntad propia, así yo. ¿Cómo quieres que responda a tu pregunta?”
Chuang-Tzu, El sabio

28.1.05

simplicitas

O sancta simplicitas! ¡Dentro de que simplificación y falseamiento tan extraños vive el hombre! ¡Imposible resulta dejar de maravillarse una vez que hemos acomodado nuestros ojos para ver tal prodigio! ¡Cómo hemos vuelto luminoso y libre y fácil y simple todo lo que nos rodea!, ¡cómo hemos sabido dar a nuestros sentidos un pase libre para todo lo superficial, y a nuestro pensar un divino deseo de saltos y paralogismos traviesos!, ¡cómo hemos sabido desde el principio mantener nuestra ignorancia, a fin de disfrutar una libertad, una despreocupación, una imprevisión, una intrepidez, una jovialidad apenas comprensibles de la vida, a fin de disfrutar la vida! A la ciencia, hasta ahora, le ha sido lícito levantarse únicamente sobre este fundamento de ignorancia, ahora ya firme y granítico, a la voluntad de saber sólo le ha sido lícito levantarse sobre el fundamento de una voluntad mucho más fuerte, ¡la voluntad de no-saber, de incertidumbre, de no-verdad! No como su antítesis, sino ¡como su refinamiento! Aunque el lenguaje, aquí como en otras partes, sea incapaz de ir más allá de su propia torpeza y continúe hablando de antítesis allí donde únicamente existen grados y una compleja sutileza de gradaciones; aunque, igualmente, la inveterada tartufería de la moral, que ahora forma parte, de modo insuperable, de nuestra “carne y sangre”, distorsione las palabras en la boca de nosotros mismos los que sabemos: sin embrago, acá y allá nos damos cuenta y nos reímos del hecho de que la mejor ciencia sea precisamente la que más quiere retenernos dentro de este mundo simplificado, completamente artificial, debidamente fingido, debidamente falseado, porque ella ama, queriéndolo sin quererlo, el error, porque ella, la viviente, ¡ama la vida!
Friedrich Nietzsche, Más allá del bien y del mal

27.1.05

d.u.a.l.

The dual substance of Christ – the yearning, so human, so superhuman, of man to attain God… has always been a deep inscrutable mystery to me.

My principle anguish and source of all my joys and sorrows from my youth onward has been the incessant, merciless battle between the spirit and the flesh... and my soul is the arena where these two armies have clashed and met.
Nikos Kazantzakis, The last temptation of Christ

24.1.05

imagine

La imaginación, que se ha vuelto a su vez función psicológica y empírica, es la condición necesaria de la libertad del hombre empírico en medio del mundo. Porque, si la función anonadadora propia de la conciencia -que Heidegger llamaba superación- es lo que hace posible el acto de la imaginación, habría que añadir recíprocamente que esta función no se puede manifestar sino en el acto imaginante. No podría haber una intuición de la nada precisamente porque la nada no es nada y porque toda conciencia -intuitiva o no- es conciencia de algo. La nada no se puede dar como infraestructura de algo. La experiencia de la nada, propiamente hablando, no es una experiencia indirecta, sino que es una experiencia que, por principio, está dada “con” y “en”. Los análisis de Bergson siguen siendo válidos aquí: un ensayo para concebir directamente la muerte o la nada de ser está destinado al fracaso por naturaleza.
Jean Paul Sartre, L’imaginaire

21.1.05

dreamtigers

En la infancia yo ejercí con fervor la adoración del tigre: no el tigre overo de los camalotes del Paraná y de la confusión amazónica, sino el tigre rayado, asiático, real, que sólo pueden afrontar los hombres de guerra, sobre un castillo encima de un elefante. Yo solía demorarme sin fin ante una de las jaulas en el Zoológico; yo apreciaba las vastas enciclopedias y los libros de historia natural, por el esplendor de sus tigres. (Todavía me acuerdo de esas figuras: yo que no puedo recordar sin error la frente o la sonrisa de una mujer). Pasó la infancia, caducaron los tigres y su pasión, pero todavía están en mis sueños. En esa napa sumergida o caótica siguen prevaleciendo y así: Dormido, me distrae un sueño cualquiera y de pronto sé que es un sueño. Suelo pensar entonces: Éste es un sueño, una pura diversión de mi voluntad, y ya que tengo un ilimitado poder, voy a causar un tigre.

¡Oh, incompetencia! Nunca mis sueños saben engendrar la apetecida fiera. Aparece el tigre, eso sí, pero disecado o endeble, o con impuras variaciones de forma, o de un tamaño inadmisible, o harto fugaz, o tirando a perro o a pájaro.
Jorge Luis Borges, El hacedor

19.1.05

finalidad

¿De dónde vengo yo y de dónde viene el mundo en que vivo y del cual vivo? ¿A dónde voy y a dónde va cuanto me rodea? ¿Qué significa esto? Tales son las preguntas del hombre, así que se liberta de la embrutecedora necesidad de tener que sustentarse materialmente. Y si miramos bien, veremos que debajo de esas preguntas no hay tanto el deseo de conocer un por qué como el de conocer el para qué; no de la causa sino de la finalidad.

¿Por qué quiero saber de dónde vengo y adónde voy, de dónde viene y adónde va lo que me rodea, y qué significa todo esto? Porque no quiero morirme del todo, y quiero saber si he de morirme o no definitivamente. Y si no muero, ¿qué será de mi?; y si muero, ya nada tiene sentido. Y hay tres soluciones: a) o sé que me muero del todo y entonces la desesperación irremediable, o b) sé que no muero del todo, y entonces la resignación, o c) no puedo saber ni una ni otra cosa, y entonces la resignación en la desesperación o ésta en aquélla, una resignación desesperada, o una desesperación resignada, y la lucha.
Miguel de Unamuno, Del sentimiento trágico de la vida

17.1.05

gestos

Si a partir del momento en que apareció en el planeta el primer hombre pasaron por la tierra unos ochenta mil millones de personas, resulta difícil suponer que cada una de ellas tuviera su propio repertorio de gestos. Desde un punto de vista aritmético esto es sencillamente imposible. No hay la menor duda de que en el mundo hay muchos menos gestos que individuos. Esta comprobación nos lleva a una conclusión sorprendente: el gesto es más individual que el individuo. Podríamos decirlo en forma de proverbio: mucha gente, pocos gestos.

El gesto no puede ser considerado como una expresión del individuo, como una creación suya (porque no hay individuo que sea capaz de crear un gesto totalmente original y que sólo a él le corresponda), ni siquiera puede ser considerado como su instrumento; por el contrario, son más bien los gestos los que nos utilizan como sus instrumentos, sus portadores, sus encarnaciones.
Milan Kundera, La inmortalidad

14.1.05

los otros

Siempre nos piden que entendamos el punto de vista de los otros sin importar si es anticuado, necio, asqueroso. A uno le piden que entienda amablemente todos los errores de los otros, sus vidas desperdiciadas, sobre todo si son de edad avanzada. Pero su edad es lo único en lo que nos fijamos. Han envejecido mal porque han vivido sin enfoque, se han negado a ver. ¿Que no es culpa suya? Se me pide que oculte mi opinión ante ellos por miedo a su miedo. La edad no es un crimen, pero la vergüenza de una vida deliberadamente desperdiciada entre tantas vidas deliberadamente desperdiciadas sí lo es.
Charles Bukowsky

12.1.05

tangente

Voy a volver atrás, a contar la auténtica historia del cristianismo. Ya la palabra “cristianismo” es un malentendido, en el fondo sólo hubo un cristiano, y éste murió en la cruz. El “evangelio” murió en la cruz. Lo que desde entonces se llama evangelio era ya la antítesis de lo que él había vivido: una “mala nueva”, un disangelio. Es falso hasta el absurdo ver en una “fe”, digamos en la fe en la redención por Cristo, el distintivo del cristiano: únicamente la práctica cristiana, una vida tal como la vivió el que murió en la cruz, es cristiana... Aún hoy es posible una vida semejante, incluso necesaria para ciertos hombres: el cristianismo legítimo, el originario, será posible en todas las épocas... No una fe, sino un obrar, un no-hacer-muchas-cosas, sobre todo, un ser diferente... Los estados de conciencia, una fe cualquiera, un tener-algo-por-verdadero, por ejemplo, son, en efecto, estados absolutamente indiferentes y de quinta categoría frente al valor de los instintos; dicho con mayor rigor: el concepto entero de causalidad espiritual es falso.
Friedrich Nietzsche, El Anticristo, XXXIX

10.1.05

así

Por qué razón ha de ser así una tela de araña o un cuadro de Picasso, es decir, por qué el cuadro no ha de explicar la tela y la araña no ha de fijar la razón del cuadro. Ser así, ¿qué quiere decir? De la más pequeña partícula de tiza, lo que se vea en ella será con arreglo a la nube que pasa por la ventana o la esperanza del contemplador. Las cosas pesan más si se las mira, ocho y ocho son dieciséis y el que cuenta. Entonces ser así puede apenas valer así o anunciar así o engañar así.
Cortázar, Los premios

7.1.05

elucidaciones

El objeto de la filosofía es la aclaración lógica del pensamiento. La filosofía no es una teoría, sino una actividad. Una obra filosófica consiste esencialmente en elucidaciones. La filosofía debe esclarecer y delimitar con precisión los pensamientos que de otro modo serían, por así decirlo, opacos y confusos.

El verdadero método de la filosofía sería propiamente éste: no decir nada sino aquello que se puede decir; es decir, las proposiciones de la ciencia natural; y siempre que alguien quiera decir algo de carácter metafísico, demostrarle que no ha dado significado a ciertos signos en sus proposiciones.

De lo que no se puede hablar, mejor es callarse.
Ludwig Wittgenstein, Tractatus lógico-philosophicus

6.1.05

la vida y el resto

Vivimos aquí, ahora, es decir, que nos encontramos en un lugar del mundo, y nos parece que hemos venido a este lugar libérrimamente; la vida, en efecto, deja un margen de posibilidades dentro del mundo, que es el de ahora. Cabe renunciar a la vida, pero si se vive no cabe elegir el mundo en que se vive. Esto da a nuestra existencia un gesto terriblemente dramático. Vivir no es entrar por gusto en un sitio previamente elegido a sabor, como se elige el teatro después de cenar, sino que es encontrarse de pronto, y sin saber cómo, caído, sumergido, proyectado en un mundo incanjeable, en este de ahora. Nuestra vida empieza por ser la perpetua sorpresa de existir, sin nuestra anuencia previa, náufragos, en un orbe impremeditado. No nos hemos dado a nosotros la vida, sino que nos la encontramos justamente al encontrarnos con nosotros. No nos han anunciado antes de entrar en ella -en su escenario, que es siempre uno concreto y determinado-; no nos han preparado.

Este sector de la realidad circundante forma la otra mitad de mi persona: sólo a través de él puedo integrarme plenamente y ser yo mismo. Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo.
José Ortega y Gasset

4.1.05

pizarra03

Spitwads are not free speech
Spitwads are not free speech
Spitwads are not free speech
Spitwads are not free speech
Spitwads are not free speech
Spitwads are not free speech
Spitwads are not free speech
Bart Simpson, Chalkboard

3.1.05

marte

En las noticias de las ocho, Bruno Masure anunció que una sonda norteamericana acababa de hallar huellas de vida fósil en Marte. Se trataba de formas bacterianas, seguramente de arqueobacterias metánicas. Así que en un planeta cercano a la Tierra unas macromoléculas biológicas habían sido capaces de organizarse, de elaborar vagas estructuras autorreproductoras compuestas de un núcleo primitivo y de una membrana poco conocida; después todo se había detenido por culpa, sin duda, de un cambio climático: la reproducción se había vuelto cada vez más difícil y al final se había interrumpido del todo. La historia de la vida en Marte era modesta. Sin embargo (y Bruno Masure no parecía darse cuenta en absoluto), este brevísimo relato sobre un fracaso más bien soso contradecía violentamente todas las construcciones míticas o religiosas con las que suele deleitarse la humanidad. No había un acto único, grandioso y creador; no había pueblo elegido, ni siquiera especie o planeta elegidos.
Michel Houellebecq, Les particules élémentaires