30.9.04

el nuevo placer

Anoche inventé un nuevo placer, y cuando lo estaba experimentando por primera vez, un ángel y un demonio llegaron corriendo a mi casa.
Se encontraron en mi puerta y se pusieron a reñir acerca de mi recién inventado placer.
El uno gritaba: "¡Es un pecado!". Y el otro protestaba: "¡Es una virtud!"
Gibrán Khalil Gibrán, El loco

relojes

Un fama tenía un reloj de pared y todas las semanas le daba cuerda con gran cuidado. Pasó un cronopio y al verlo se puso a reír, fue a su casa e inventó el reloj-alcachofa o alcaucil, que de una y otra manera puede y debe decirse.

El reloj alcaucil de este cronopio es un alcaucil de la gran especie, sujeto por el tallo a un agujero de la pared. Las innumerables hojas del alcaucil marcan la hora presente y además todas las horas, de modo que el cronopio no hace más que sacarle una hoja y ya sabe una hora. Como las va sacando de izquierda a derecha, siempre la hoja da la hora justa, y cada día el cronopio empieza a sacar una nueva vuelta de hojas. Al llegar al corazón el tiempo no puede ya medirse, y en la infinita rosa violeta del centro el cronopio encuentra un gran contento, entonces se la come con aceite, vinagre y sal, y pone otro reloj en el agujero.
Cortázar, Historias de cronopios y de famas

deidades

Los antiguos poetas animaban todos los objetos sensibles con dioses y genios, prestándoles nombres y adornándoles con propiedades de bosques, ríos, montañas, lagos, ciudades, naciones, y cualquier cosa que sus dilatados y numerosos sentidos podían percibir.
Y en particular estudiaron el genio de cada ciudad y país, colocándolo bajo el patrocinio de su deidad mental.
Hasta que se formó un sistema, del cual algunos sacaron partido y esclavizaron al vulgo al intentar dar realidad a las deidades mentales, abstrayéndolas de sus objetos: así comenzó el sacerdocio.
Sacando sus formas de culto de entre los relatos poéticos.
Hasta que al final declararon que los dioses habían ordenado tales cosas.
Así los hombres olvidaron que todas las deidades residen en el corazón humano.
William Blake, The marriage of heaven & hell

29.9.04

la verdad

Se despertó de madrugada y permaneció encogido entre las sábanas, sin decidirse a poner la radio por miedo a despertar a su mujer. Finalmente, los nervios le empujaron a la de la cocina, donde sintonizó un programa de noticias por el que se enteró de que un tornado había causado grandes destrozos en Miami. No se dijo que él estuviera implicado, pero tampoco lo contrario, así que regresó a la cama algo nervioso y concilió un sueño breve, lleno de grumos, antes de que sonara el despertador. Durante el desayuno, su mujer le preguntó si volvía a dolerle la espalda o tenía alguna preocupación. Él negó con la cabeza mientras escuchaba la primera tertulia de la mañana por si salía su nombre a relucir.

Ya en la oficina, leyó atentamente el periódico disimulado entre las piernas, sin verse citado en ningún sitio. No obstante, a las once fue al cuarto de baño y con el móvil que le habían regalado el día del Padre telefoneó a la secretaría de Gómez de Liaño para preguntar si el juez estaba interesado en interrogarle. Le dijeron que no. “¿Puedo salir de España entonces?”, insistió al tiempo que cortaban bruscamente la comunicación al otro lado. Regresó al despacho con gesto huidizo y confesó a su compañero de mesa que tenía miedo de que su nombre figurara entre los 200 expedientes de la supuesta amnistía fiscal. “Pero ¿cuánto dinero ganas?” “No sé, entre mi mujer y yo no llega a tres millones y medio al año.” Su compañero le mandó a la mierda y eso fue todo.

Por la tarde, al volver a casa, preguntó si había llegado alguna notificación del juzgado de guardia o si alguien les había amenazado por teléfono, pero no, todo estaba en orden. Antes de acostarse, mientras se cepillaba los dientes, se contempló en el espejo enfrentándose al fin a la verdad. “Dios mío –se dijo-, no soy nadie”.
Juan José Millás, Articuentos

28.9.04

el rey sabio

Había una vez, en la lejana ciudad de Wirani, un rey que gobernaba a sus súbditos con tanto poder como sabiduría. Y le temían por su poder, y lo amaban por su sabiduría.
Había también un el corazón de esa ciudad un pozo de agua fresca y cristalina, del que bebían todos los habitantes; incluso el rey y sus cortesanos, pues era el único pozo de la ciudad.
Una noche, cuando todo estaba en calma, una bruja entró en la ciudad y vertió siete gotas de un misterioso líquido en el pozo, al tiempo que decía:
-Desde este momento, quien beba de esta agua se volverá loco.
A la mañana siguiente, todos los habitantes del reino, excepto el rey y su gran chambelán, bebieron del pozo y enloquecieron, tal como había predicho la bruja.
Y aquel día, en las callejuelas y en el mercado, la gente no hacía sino cuchichear:
-El rey está loco. Nuestro rey y su gran chambelán perdieron la razón. No podemos permitir que nos gobierne un rey loco; debemos destronarlo.
Aquella noche, el rey ordenó que llenaran con agua del pozo una gran copa de oro. Y cuando se la llevaron, el soberano ávidamente bebió y pasó la copa a su gran chambelán, para que también bebiera.
Y hubo un gran regocijo en la lejana ciudad de Wirani, porque el rey y el gran chambelán habían recobrado la razón.
Gibrán Khalil Gibrán, El loco

preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente un reloj, que los cumplas muy felices, y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de tí mismo, algo que es tuyo, pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a tí te ofrecen para el cumpleaños del reloj.
Cortázar, Manual de instrucciones

el testigo

En un establo que está casi a la sombra de la nueva iglesia de piedra, un hombre de ojos grises y barba gris, tendido entre el olor de los animales, humildemente busca la muerte como quien busca el sueño. El día, fiel a vastas leyes secretas, va desplazando y confundiendo las sombras en el pobre recinto; afuera están las tierras aradas y un zanjón cegado por hojas muertas y algún rastro de lobo en el barro negro donde empiezan los bosques. El hombre duerme y sueña, olvidado. El toque de oración lo despierta. En los reinos de Inglaterra el son de campanas ya es uno de los hábitos de la tarde, pero el hombre, de niño, ha visto la cara de Woden, el horror divino y la exultación, el torpe ídolo de madera recargado de monedas romanas y de vestiduras pesadas, el sacrificio de caballos, perros y prisioneros. Antes del alba morirá y con él morirán, y no volverán, las últimas imágenes inmediatas de los ritos paganos; el mundo será un poco más pobre cuando este sajón haya muerto.

Hechos que pueblan el espacio y que tocan a su fin cuando alguien se muere pueden maravillarnos, pero una cosa, o un número infinito de cosas, muere en cada agonía, salvo que exista una memoria del universo, como han conjeturado los teósofos. En el tiempo hubo un día que apagó los últimos ojos que vieron a Cristo; la batalla de Junín y el amor de Helena murieron con la muerte de un hombre. ¿Qué morirá conmigo cuando yo muera, qué forma patética o deleznable perderá el mundo? ¿La voz de Macedonio Fernández, la imágen de un caballo colorado en el baldío de Serrano y de Charcas, una barra de azufre en el cajón de un escritorio de caoba?
Jorge Luis Borges

27.9.04

obras

Toda obra humana es deleznable, pero la ejecución de esta obra es importante. Una vez hecho algo, no puede valer mucho; es una obra humana con todas las imperfecciones de lo humano, pero el hecho de ejecutarla sí es interesante.
Jorge Luis Borges

herejía

Herejía: capacidad de luchar contra un orden preestablecido, con las mismas armas que ese orden, pero en nombre del derecho a la libertad.
El libro negro de la Inquisición

comercio

Los famas habían puesto una fábrica de mangueras, y emplearon a numerosos cronopios para el enrollado y depósito. Apenas los cronopios estuvieron en el lugar del hecho, una grandísima alegría. Había mangueras verdes, rojas, azules, amarillas y violetas. Eran transparentes y al ensayarlas se veía correr el agua con todas sus burbujas y a veces un sorprendido insecto. Los cronopios empezaron a lanzar grandes gritos, y querían bailar tregua y bailar catala en vez de trabajar. Los famas se enfurecieron y aplicaron en seguida los artículos 21, 22 y 23 del reglamento interno. A fin de evitar la repetición de tales hechos.

Como los famas son muy descuidados, los cronopios esperaron circunstancias favorables y cargaron muchísimas mangueras en un camión. Cuando encontraban una niña, cortaban un pedazo de manguera azul y se la obsequiaban para que pudiese saltar a la manguera. Así en todas las esquinas se vieron nacer bellísimas burbujas azules transparentes, con una niña adentro que parecía una ardilla en su jaula. Los padres de la niña aspiraban a quitarle la manguera para regar el jardín, pero se supo que los astutos cronopios las habían pinchado de modo que el agua se hacía pedazos en ellas y no servía para nada. Al final los padres se cansaban y la niña iba a la esquina y saltaba y saltaba.

Con las mangueras amarillas los cronopios adornaron diversos monumentos, y con las mangueras verdes tendieron trampas al modo africano en pleno rosedal, para ver cómo las esperanzas caían una a una. Alrededor de las esperanzas caídas los cronopios bailaban tregua y bailaban catala, y las esperanzas les reprochaban su acción diciendo así:

-Crueles cronopios cruentos. ¡Crueles!

Los cronopios, que no deseaban ningún mal a las esperanzas, las ayudaban a levantarse y les regalaban pedazos de manguera roja. Así las esperanzas pudieron ir a sus casas y cumplir el más intenso de sus anhelos: regar los jardines verdes con mangueras rojas.

Los famas cerraron la fábrica y dieron un banquete lleno de discursos fúnebres y camareros que servían el pescado en medio de grandes suspiros. Y no invitaron a ningún cronopio, y solamente a las esperanzas que no habían caído en las trampas del rosedal, porque las otras se habían quedado con pedazos de manguera y los famas estaban enojados con esas esperanzas.
Cortázar, Historias de cronopios y de famas

23.9.04

reformas

La Real Academia de la Lengua dará a conocer Próximamente la reforma modelo 2000 de la ortografía castellana que tiene como objetivo unificar nuestro idioma como lengua universal de los hispanoparlantes. Dicha reforma se realizará paulatinamente y entrará en vigor poco a poco, para evitar confusiones.

La reforma hará mucho más simple el castellano de todos los días, pondrá fin a los problemas de ortografía que tienden trampas a futbolistas, abogados, albañiles y arquitectos de tantos países, especialmente los iberoamericanos, y hará que nos entendamos de manera universal quienes hablamos esta noble lengua. Los docentes verán así que tendrán menos trabajo para corregir.

De acuerdo con el expediente secreto, la reforma se introducirá en las siguientes etapas anuales:

1º año: Supresión de las diferencias entre C, Q y K: Komo despegue del plan, todo sonido parecido al de la k (este fonema tiene su definición téknika lingüístika, pero konfundiría mucho si la mencionamos akí) será asumido por esta letra. En adelante, pues, se eskribirá “kasa, keso, Kijote”.

También se simplifikará el sonido de la C y la Z para igualarnos a nuestros hermanos hispanoamericanos que convierten todas estas letras en un úniko fonema S: kon lo kual sobrarán la c y la z. "El sapato de Sesilia es asul".

Por otro lado, desapareserá la doble c y será reemplasada por x: "Tuve un axidente en la Avenida Oxidental". Grasias a esta modifikasión los españoles no tendrán ventajas ortográfikas frente a otros pueblos hispanoparlantes por su extraña pronunsiasión de siertas letras.

2º año: Así mismo, se funden la B kon la V; ya que no existe en castellano diferensia alguna entre el sonido de la b larga y la v chikita. Por lo kual desapareserá la V y beremos kómo bastará con la b para ke bibamos felises y kontentos.

Pasa lo mismo kon la LL (elle) y la Y (ye). Todo se eskribirá con y: "Yébeme de paseo a Sebiya, señor Biyar". Esta integrasión probokará agradesimiento general de kienes hablan kasteyano, desde Balensia hasta Bolibia. Toda b será de baka, toda b será de burro.

La H (hache) se suprimirá, kuya presensia es fantasma en nuestra lengua, por kompleto: así, ablaremos de abichuelas o alkool.

3º año: A partir del tercer año de esta implantación, y para mayor konsistensia, todo sonido de erre se eskribirá con RR (doble r): "Rroberto me rregaló una rradio"._

No tendremos ke pensar kómo se eskribe sanaoria, y se akabarán esas complikadas y umiyantes distinsiones entre "echo" y "hecho". Ya no abrá ke desperdisiar más oras de estudio en semejante kuestión ke nos tenía artos.

Para ebitar otros problemas ortográfikos se fusionan la G y la J, para que así jitano se eskriba komo jirafa y jeranio komo jefe. Aora todo ba con jota: "El jeneral jestionó la jerensia". No ay duda de ke esta sensiya modifikasión ará que ablemos y eskribamos todos con más rregularidad y más rrápido rritmo.

4º año: Se suprimen los tildes o asentos ke eran una orrible kalamidad del kastellano. Esta sancadiya kotidiana jenerara una axion desisiba en la rreforma; aremos komo el ingles, que a triunfado unibersalmente sin tildes. Kedaran ellas kanseladas desde el kuarto año, y abran de ser el sentido komun y la intelijensia kayejera los ke digan a ke se rrefiere kada bocablo. Berbigrasia: "¡Komo komo komo komo!".

Las konsonantes ST, PS o PT juntas kedaran komo simples T o S, kon el fin de aprosimarnos lo masimo posible a la pronunsiasion iberoamerikana. Kon el kambio anterior diremos ke etas propuetas osionales etan detinadas a mejorar ete etado konfuso de la lengua.

Tambien seran proibidas siertas konsonantes finales ke inkomodan y poko ayudan al siudadano. Asi, se dira: "ke ora es en tu relo?", "As un ueko en la pare" y "La mita de los aorros son de agusti". Entre eyas, se suprimiran las eses de los plurales, de manera que diremos "la mujere" o "lo ombre".

5º año: Despues yegara la eliminasion de la D del partisipio pasao y kanselasion de lo artikulo.

- El uso a impueto ke no se diga ya "bailado" sino "bailao", "erbido" sino "erbio" y "benido" sino "benio". Kabibajo asetaremo eta kotumbre bulgar, ya ke el pueblo yano manda, al fin y al kabo.

Dede el kinto año kedaran suprimia esa de interbokalika ke la jente no pronunsia. Adema, y konsiderando ke el latin no tenia artikulo y nosotro no debemo imbentar kosa que nuetro padre latin rrechasaba, kateyano karesera de artikulo.

Sera poko enrredao en prinsipio, y ablaremo komo fubolita yugolabo, pero depue todo etranjero beran ke tarea de aprender nuebo idioma rresultan ma fasile.

Profesore terminaran benerando akademiko ke an desidio aser rreformas klabes para ke sere umano ke bibimo en nasione ispanoablante gosemo berdaderamente del idioma de Serbante y Kebedo.

Eso si: nunka asetaremo ke potensia etranjera token kabeyo de letra eñe.
Eñe rrepresenta_balore ma elebao de tradision ispanika y primero kaeremo mueto ante ke asetar bejasione a simbolo ke a sio korason bibifikante de istoria kastisa epañola unibersa.

la foto salió movida

Un cronopio va a abrir la puerta de calle, y al meter la mano en el bolsillo para sacar la llave lo que saca es una caja de fósforos, entonces este cronopio se aflige mucho y empieza a pensar que si en vez de la llave encuentra los fósforos, sería horrible que el mundo se hubiera desplazado de golpe, y a lo mejor si los fósforos están donde la llave, puede suceder que encuentre la billetera llena de fósforos, y la azucarera llena de dinero, y el piano lleno de azúcar, y la guía del teléfono llena de música, y el ropero lleno de abonados, y la cama llena de trajes, y los floreros llenos de sábanas, y los tranvías llenos de rosas, y los campos llenos de tranvías. Así es que este cronopio se aflige horriblemente y corre a mirarse al espejo, pero como el espejo esta algo ladeado lo que ve es el paragüero del zaguán, y sus presunciones se confirman y estalla en sollozos, cae de rodillas y junta sus manecitas no sabe para qué. Los famas vecinos acuden a consolarlo, y también las esperanzas, pero pasan horas antes de que el cronopio salga de su desesperación y acepte una taza de té, que mira y examina mucho antes de beber, no vaya a pasar que en vez de una taza de té sea un hormiguero o un libro de Samuel Smiles.
Cortázar, Historias de cronopios y de famas

l.e.v.e.

Los siguientes extractos vienen de 'La insoportable levedad del ser' de Milan Kundera; obviamente que estas ideas están mucho más desarrolladas en el contexto de la novela, así que si alguien las encuentra interesantes, ya sabe donde ahondar, de paso que se da un paseo por el reino del kitsch.

El hombre nunca puede saber qué debe querer, porque vive sólo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores. El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo. Pero ¿qué valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es ya la vida misma?

Hacer el amor con una mujer y dormir con una mujer son dos pasiones no sólo distintas sino casi contradictorias. El amor no se manifiesta en el deseo de acostarse con alguien (este deseo se produce en relación con una cantidad innumerable de mujeres), sino en el deseo de dormir junto a alguien (este deseo se produce con relación a una única mujer).

No hay nada más pesado que la compasión. Ni siquiera el propio dolor es tan pesado como el dolor sentido con alguien, por alguien, para alguien, multiplicado por la imaginación, prolongado en mil ecos.

¿Un acontecimiento no es tanto más significativo y privilegiado cuantas más casualidades sean necesarias para producirlo? Sólo la casualidad puede aparecer ante nosotros como un mensaje. Lo que ocurre necesariamente, lo esperado, lo que se repite todos los días, es mudo. Sólo la casualidad nos habla.

Aquel que quiere permanentemente “llegar más alto” tiene que contar con que algún día le invadirá el vértigo. El vértigo es algo diferente del miedo a la caída. El vértigo significa que la profundidad que se abre ante nosotros nos atrae, nos seduce, despierta en nosotros el deseo de caer, del cual nos defendemos espantados.

“Delante había una mentira comprensible y detrás una verdad incomprensible”.

Un mismo objeto evoca cada vez un significado distinto, pero, junto con ese significado, resuenan (como un eco, como una comitiva de ecos) todos los significados anteriores. Cada una de las nuevas vivencias suena con un acompañamiento cada vez más rico.

Aquello que no ha sido elegido por nosotros no podemos considerarlo como un mérito ni como un fracaso. Rebelarse contra el hecho de haber nacido hombre o mujer es igual de necio que enorgullecerse de ello.

Las preguntas verdaderamente serias son aquellas que pueden ser formuladas hasta por un niño. Sólo las preguntas más ingenuas son verdaderamente serias. Son preguntas que no tienen respuesta. Una pregunta que no tiene respuesta es una barrera que no puede atravesarse. Dicho de otro modo: precisamente las preguntas que no tienen respuesta son las que determinan las posibilidades del ser humano, son las que trazan las fronteras de la existencia del hombre.

¿Qué es la coquetería? Podría decirse que es un comportamiento que pretende poner en conocimiento de otra persona que un acercamiento sexual es posible, de tal modo que esta posibilidad no aparezca nunca como seguridad. Dicho de otro modo: la coquetería es una promesa de coito sin garantía.

El carácter único del “yo” se esconde en lo que hay de inimaginable en el hombre. Sólo somos capaces de imaginarnos lo que es igual en todas las personas, lo general. El “yo” individual es aquello que se diferencia de lo general, o sea lo que no puede ser adivinado y calculado de antemano, lo que en el otro es necesario descubrir, desvelar, conquistar.

En el mismo comienzo del Génesis está escrito que Dios creó al hombre para confiarle el dominio sobre los pájaros, los peces y los animales. Claro que el Génesis fue escrito por un hombre y no por un caballo. No hay seguridad alguna de que Dios haya confiado efectivamente al hombre el dominio de otros seres. Más bien parece que el hombre inventó a Dios para convertir en sagrado el dominio sobre la vaca y el caballo, que había usurpado. El derecho a matar un ciervo o una vaca es lo único en lo que la humanidad coincide fraternalmente, incluso en medio de las guerras más sangrientas. Ese derecho nos parece evidente porque somos nosotros los que nos encontramos en la cima de esa jerarquía. Pero bastaría con que entrara en el juego un tercero, por ejemplo un visitante de otro planeta al que Dios hubiese dicho: “Dominarás a los seres de todas las demás estrellas”, y toda la evidencia del Génesis se volvería de pronto problemática.

22.9.04

amor en glíglico

Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpaso en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentían balpamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.
Rayuela, LXVIII

discurso del oso

Soy el oso de los caños de la casa, subo por los caños en las horas de silencio, los tubos de agua caliente, de la calefacción, del aire freso, voy por los tubos de departamento en departamento y soy el oso que va por los caños.

Creo que me estiman porque mi pelo mantiene limpios los conductos, incesantemente corro por los tubos y nada me gusta más que pasar de piso en piso resbalando por los caños. A veces saco una pata por la canilla y la muchacha del tercero grita que se ha quemado, o gruño a la altura del horno del segundo y la cocinera Guillermina se queja de que el aire tira mal. De noche ando callado y es cuando más ligero ando, me asomo al techo por la chimenea para ver si la luna baila arriba, y me dejo resbalar como el viento hasta las calderas del sótano. Y en verano nado de noche en la cisterna picoteada de estrellas, me lavo la cara primero con una mano, después con la otra, después con las dos juntas, y eso me produce una grandísima alegría.

Entonces resbalo por todos los caños de la casa, gruñendo y contento, y los matrimonios se agitan en sus camas y deploran la instalación de las tuberías. Algunos encienden la luz y escriben un papelito para acordarse de protestar cuando vean al portero. Yo busco la canilla que siempre queda abierta en algún piso; por allí saco la nariz y miro la oscuridad de las habitaciones donde viven esos seres que no pueden andar por los caños, y les tengo algo de lástima al verlos tan torpes y grandes, al oír como roncan y sueñan en voz alta, están tan solos. Cuando de mañana se lavan la cara, les acaricio las mejillas, les lamo la nariz y me voy, vagamente seguro de haber hecho bien.
Cortázar, Material plástico

sentencias & interludios

El atractivo del conocimiento sería muy pequeño si en el camino que conduce a él no hubiera que superar tanto pudor.

Con nuestro propio Dios es con quien más deshonestos somos: ¡a él no le es lícito pecar!

"Yo he hecho eso", dice mi memoria. "Yo no puedo haber hecho eso", dice mi orgullo y permanece inflexible. Al final, la memoria cede.

Quien alcanza su ideal, justo por ello va más allá del mismo.

En situaciones de paz el hombre belicoso se abalanza sobre sí mismo.

Con nuestros principios queremos tiranizar o justificar u honrar o injuriar u ocultar nuestros hábitos: dos hombres con principios idénticos probablemente quieren, por esto, algo radicalmente distinto.

Quien a sí mismo se desprecia continúa apreciándose, sin embargo, a sí mismo como despreciador.

Una cosa que queda explicada deja de interesarnos. - ¿Qué quería decir aquel dios que aconsejaba: "¡conócete a ti mismo"!? ¿Acaso esto significaba: "¡deja de interesarte a ti mismo! ¡vuélvete objetivo!"? - ¿Y Sócrates? ¿Y el hombre científico?

La mujer aprende a odiar en la medida en que desaprende a hechizar.

De las personas muy inteligentes comenzamos a desconfiar cuando se quedan perplejas.

¿Quién, por salvar su buena reputación, no se ha sacrificado ya alguna vez a sí mismo?

Madurez del varón: significa haber reencontrado la seriedad que de niño se tenía al jugar.

Si a nuestra conciencia la amaestramos, nos besa al mismo tiempo que nos muerde.

Ante nosotros mismos todos fingimos ser más simples de lo que somos: así descansamos de nuestros semejantes.

Una vez tomada la decisión, cerrar los oídos incluso al mejor de los argumentos en contra: señal de carácter enérgico. También, voluntad ocasional de estupidez.

Cuando más difícil resulta ofender a nuestra vanidad es cuando nuestro orgullo acaba de ser ofendido.

Cuando en el juego no intervienen el amor o el odio, la mujer juega de manera mediocre.

Las grandes épocas de nuestra vida son aquellas en que nos armamos de valor y rebautizamos el mal que hay en nosotros llamándolo nuestro mejor bien.

A menudo la sensualidad apresura el crecimiento del amor, de modo que la raíz queda débil y es fácil de arrancar.

También el concubinato ha sido corrompido: por el matrimonio.

Quien, hallándose en la hoguera, continúa regocijándose, no triunfa sobre el dolor, sino sobre el hecho de no sentir dolor allí donde lo aguardaba.

El demonio posee perspectivas amplísimas sobre Dios, por ello se mantiene tan lejos de él: el demonio, es decir, el más antiguo amigo del conocimiento.

Lo que alguien es comienza a delatarse cuando su talento declina, cuando deja de mostrar lo que él es capaz de hacer. El talento es también un adorno, y un adorno es también un escondrijo.

Por lo que más se nos castiga es por nuestras virtudes.

Uno busca a alguien que le ayude a dar a luz sus pensamientos, otro, a alguien a quien poder ayudar: así es como surge una buena conversación.

En la venganza y en el amor la mujer es más bárbara que el varón.

Aquello que nosotros mejor hacemos, a nuestra vanidad le gustaría que la gente lo considere precisamente como lo que más difícil de hacer nos resulta. Para explicar el origen de más de una moral.

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, también éste mira dentro de ti.

Inducir al prójimo a que se forme una buena opinión de nosotros y, a continuación, creer crédulamente en esa opinión: ¿quién iguala a las mujeres en esa obra de arte?

Tener un talento no es suficiente: hay que tener también permiso vuestro para tenerlo, ¿no es así, amigos míos?

Lo que se hace por amor acontece siempre más allá del bien y del mal.

El pensamiento del suicidio es un poderoso medio de consuelo: con él se logra soportar más de una mala noche.

Es preciso retribuir tanto lo bueno como lo malo: mas ¿por qué hacerlo precisamente con la persona que nos ha hecho bien o mal?

Los poetas carecen de pudor con respecto a sus vivencias: las explotan.

Sin duda mentimos con la boca; pero con la jeta que ponemos al mentir continuamos diciendo la verdad.

El cristianismo dio de beber veneno a Eros: éste, ciertamente, no murió, pero degeneró convirtiéndose en vicio.

Hablar mucho de sí mismo es también un medio de ocultarse.

No odiamos mientras nuestra estima es aún pequeña, sino sólo cuando es igual o mayor a la que tenemos por nosotros mismos.

En última instancia lo que amamos es nuestro deseo, no lo deseado.

Quizá nadie haya sido aún suficientemente veraz acerca de lo que es la "veracidad".

Las consecuencias de nuestras acciones nos agarran por los cabellos, harto indiferentes a que entre tanto nosotros nos hayamos "mejorado".
Friedrich Nietzsche, Más allá del bien y del mal

epístola

Yo, Dräco Cornelius Rosa, que paseo lento y tranquilo por la vida como albacea de mis veintisiete años, habiendo sido iniciado y purificado por la naturaleza, y viéndome ahora esclavizado en los pasillos secretos de la nada, tomo asiento en la sociedad de la libertad ficticia y, pidiendo disculpas por la herejía, valido mi venta al diablo por un tiempo limitado.

Tanta es la desesperación de un hombre atormentado, que lo hace camuflarse en la luz entre millones de almas malhumoradas, suspensas en el canto de la lluvia, y pedir, con exclamaciones rotas, asilo en lo sobrenatural.

Y sólo porque considera que la carne de los rituales vacíos de ayer aún sangra por sus ojos atolondrados, trasciende una y otra vez la divinidad de los héroes y los mitos, y vuelve a definir su aprecio por ideales más altos.

Luego está el fracaso, como un misterio desvelado, como el final de toda posibilidad. La intuición del ciego se cancela, los gallos enloquecen, se activa el código morse de la vena que desea y nunca tiene y asoma la locura, atada a un lirismo vapuleado, confundiendo deseos con predestinación. Yo la he sentido, ligera o lenta, hermosa o fea, pero liberada al fin de obligaciones sociales.

¡Recorred vuestras vidas! El habitante interior es acción y alquimia. Mágico en su primer vuelo. Es iconoclasta, pero vive más allá de una realidad visible ligado a su propio misticismo.

Parece cansado e incapaz ya de distinguir las voces de los licántropos. Teme la mutación inmediata, la risa obvia.

Que el habitante interior nunca olvide el ojo avizor mientras divague en la distorsión, pues está necesitado de virtud en su excéntrico camino hacia dios.
Robi Dräco Rosa

PD: este txt es un post scriptum del disco "Vagabundo" de Mr. Rosa... y pensar que estuvo en Menudo

21.9.04

b.o.c.a.

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua.
Rayuela, VII

tema para un tapiz

El general tiene sólo ochenta hombres, y el enemigo, cinco mil. En su tienda el general blasfema y llora. Entonces escribe una proclama inspirada, que palomas mensajeras derraman sobre el campamento enemigo. Doscientos infantes se pasan al general. Sigue una escaramuza, que el general gana fácilmente, y dos regimientos se pasan a su bando. Tres días después el enemigo tiene sólo ochenta hombres y el general cinco mil. Entonces el general escribe otra proclama, y setenta y nueve hombres se pasan a su bando. Sólo queda un enemigo, rodeado por el ejército del general, que espera en silencio. Transcurre la noche y el enemigo no se ha pasado a su bando. El general blasfema y llora en su tienda. Al alba el enemigo desenvaina lentamente la espada y avanza hacia la tienda del general. Entra y lo mira. El ejército del general se desbanda. Sale el sol.
Cortázar, Material plástico

anti-moralina

¿Qué es bueno? Todo lo que acrecienta en el hombre el sentimiento de poder, la voluntad de poder, el poder mismo.
¿Qué es malo? Todo lo que proviene de la debilidad.
¿Qué es la felicidad? La conciencia de que se acrecienta el poder; que queda superada una resistencia.
No sosiego, sino aumento de poder; no paz por encima de todo, sino guerra; no virtud, sino habilidad (virtud al estilo renacentista, virtù, virtud carente de moralina).
Los débiles y fracasados deben perecer; tal es el axioma capital de nuestro amor a los hombres. Y hasta se les debe ayudar a perecer.
¿Qué es más perjudicial que cualquier vicio? La compasión activa con todos los débiles y fracasados; el cristianismo.

El problema que así planteo no es: qué ha de reemplazar a la humanidad en la sucesión de los seres (el hombre es un fin), sino qué tipo de humano debe ser desarrollado, potenciado, entendido como tipo superior, más digno de vivir, más dueño de porvenir.
Este tipo humano superior se ha dado ya con harta frecuencia, pero como golpe de fortuna, excepción, nunca como algo pretendido. Antes, al contrario, precisamente él ha sido el más temido, era casi la encarnación de lo terrible; y como producto de este temor ha sido pretendido, desarrollado y alcanzado el tipo opuesto: el animal doméstico, el hombre-rebaño, el animal enfermo “hombre”; el cristiano.
Friedrich Nietzsche, El anticristo, cap. II & III

the voice of the Devil

Todas las biblias o códigos sagrados son responsables de los siguientes errores:

1. Que el hombre posee dos principios reales de existencia, a saber, cuerpo y alma.
2. Que la energía, llamada el mal, sólo pertenece al cuerpo, y que la razón, llamada el bien, sólo es del alma.
3. Que Dios atormentará al hombre en la eternidad por obrar al dictado de su propia energía.

Pero los siguientes contrarios de éstos son verdad:

1. El hombre no posee un cuerpo distinto de su alma; pues lo que llamamos cuerpo es una parte del alma percibida por los cinco sentidos, principales entradas al alma en esta era.
2. La energía es la única vida y procede del cuerpo, y la razón es el límite o circunferencia exterior de la energía.
3. La energía es gozo eterno.
William Blake, The marriage of heaven and hell

la muerte II

Quisiera preguntar y preguntarme si alguna vez nos dejarán morir cuando queramos. Quisiera preguntar y preguntarme si alguna vez –alguna- a esta tierra lejana, desolada, llegarán los vientos del respeto a la vida respetando el derecho a la muerte.

Quisiera preguntar y preguntarme que día, que momento, podré ir a la botica de la esquina y pedir que me vendan la pócima exacta, la precisa, para curarme, en una sola toma, de la vida. Y si me dicen que enseñe la receta, poder mostrar al dependiente mi fatiga, firmada con el puño y letra de mi hastío.

Quisiera preguntar y preguntarme si alguna vez –alguna- alguien respetará mi voluntad y no me llevará a un sitio ignoto para que manos extrañas me administren los sueros del mañana que no quiero, en anónimos y asépticos espacios. Allá donde intentarán insuflarme ilusión por medio de unos tubos que hincharán mis pulmones con un aire sin aromas, sin dulzores, sin veranos.

Quisiera preguntar y preguntarme si alguna vez –alguna- estaré en el derecho de convocar a los que quiero para celebrar, con una sonrisa que viene de la infancia, con un abrazo fresco como recién salido del cariño, mi despedida. Ofrezco que habrá música. Y ofrezco –sobre todo ofrezco- que habrá sombra: la del árbol añoso bajo el cual mis cenizas yacerán y que, en cada floración, les recordará a los míos mi presencia ausente, hasta que venga el estío del olvido, la sequedad, la nada. Hasta que la desmemoria de los vivos me sepulte.

Quisiera preguntar y preguntarme si alguna vez –alguna- podré vivir mi muerte dignamente, sin tener que pasar por las infamantes aduanas de la moralidad, los hospitales, las buenas costumbres y las leyes. Si alguna vez –alguna- dejará de atormentarme la sensación de que la muerte buscada es un acto de traición, cuando no es sino una muerte más entre las muchas muertes. Una muerte más entre las muchas vidas.

Quisiera preguntar y preguntarme por qué otros, que ya nos han atormentado tanto con sus normas, no hacen una que exprese que cada quien es dueño de su muerte. Por qué hasta de ese derecho nos despojan. Por qué hasta ese extremo nos invaden.

Pocos son los que viven hasta que quieren vivir. A los más, los mata la vida, sin que quieran. Por eso, deseo preguntar y preguntarme, ¿hasta cuando los que quieren morir tienen que ir a la muerte en puntillas, a escondidas, como si cometieran algo obsceno, vergonzante? ¿Acaso la muerte no puede convertirse en una manera juguetona, alegre, refrescante, de ganar a la vida? De situarse al frente, desafiarla y decirle que, por esta única vez, no es ella la que impone sus designios.

Quisiera preguntar y preguntarme hasta cuándo quienes creemos que tenemos el derecho de vivir, no tenemos también estatuido el derecho de morir cuando queramos.
Francisco Febres Cordero

20.9.04

incredulidad

No creas en cualquier cosa porque te enseñen el testimonio escrito de un viejo sabio. No creas en cualquier cosa porque provenga de la autoridad de maestros y sacerdotes. Cualquier cosa que esté de acuerdo con tus propias experiencias y después de una ardua investigación se manifieste de acuerdo con tu razón y conduzca a tu propio bien y al de todas las cosas vivientes, aquello acéptalo como la verdad y vive de acuerdo a ello.
Siddharta Gautama

extrañaniento

Cuando uno extraña un lugar, lo que realmente extraña es la época que corresponde a ese lugar; no se extrañan los sitios, sino los tiempos.
Jorge Luis Borges

17.9.04

paradoja y genio

Digamos que algo así como un tributo al más refulgurante de los dandys londinenses del decimonono: Oscar Wilde. Consejo: consíganse cualquier cosa que el man haya escrito, lo van a disfrutar.

No existen libros morales o inmorales. Los libros están bien escritos o mal escritos. Eso es todo

Sólo hay algo peor que el hecho de que hablen de uno, y es que no hablen de uno

Escojo a mis amigos por su buen aspecto, a mis conocidos por su carácter agradable y a mis enemigos por su inteligencia. Todo el empeño que uno ponga en escoger bien a sus enemigos es poco. No hay ningún estúpido entre los míos

Como mala persona soy un completo desastre. Hay montones de gente que afirman que no he hecho nada malo en toda mi vida. Por supuesto sólo se atreven a decirlo a mis espaldas

Siempre que alguien está de acuerdo conmigo, sospecho que ando equivocado

La única diferencia entre el santo y el pecador, es que el santo tiene un pasado y el pecador un futuro

Es peligroso escuchar. Se corre el riesgo de que le convenzan; y un hombre que permite que le convenzan con una razón, es un ser absolutamente irracional

A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante

No voy a dejar de hablarle sólo porque no me esté escuchando. Me gusta escucharme a mí mismo. Es uno de mis mayores placeres. A menudo mantengo largas conversaciones conmigo mismo, y soy tan inteligente que a veces no entiendo ni una palabra de lo que digo

Si usted quiere saber lo que una mujer dice realmente, mírela, no la escuche

Uno debería estar siempre enamorado. Por eso jamás deberíamos casarnos

Lo menos frecuente en este mundo es vivir. La mayoría de la gente existe, eso es todo

Perdona siempre a tu enemigo. No hay nada que le enfurezca más

Es bastante difícil no ser injusto con lo que uno ama

La mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella

No hay nada como el amor de una mujer casada. Es una cosa de la que ningún marido tiene la menor idea

No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo

La experiencia no tiene valor ético alguno, es simplemente el nombre que damos a nuestros errores

Haría cualquier cosa por recuperar la juventud... excepto hacer ejercicio, madrugar, o ser un miembro útil de la comunidad

El cinismo consiste en ver las cosas como realmente son, y no como se quiere que sean

Los hombres jóvenes quieren ser fieles y no lo consiguen; los hombres viejos quieren ser infieles y no lo logran

Después de todo, ¿qué es la moda? Desde el punto de vista artístico una forma de fealdad tan intolerable que nos vemos obligados a cambiarla cada seis meses

En el mundo común de los hechos, los malos no son castigados y los buenos recompensados. El éxito se lo llevan los fuertes y el fracaso los débiles

Adoro los placeres sencillos; son el último refugio de los hombres complicados

Cualquiera puede simpatizar con las penas de un amigo, simpatizar con sus éxitos requiere una naturaleza delicadísima

Logro resistirlo todo, salvo la tentación

Sólo los superficiales llegan a conocerse a sí mismos

Hablan mucho de la belleza de la certidumbre como si ignorasen la belleza sutil de la duda. Creer es muy monótono; la duda es apasionante

Los viejos lo creen todo; los adultos todo lo sospechan; mientras que los jóvenes todo lo saben

Todos matan lo que aman: el cobarde, con un beso; el valiente, con una espada

Más veces descubrimos nuestra sabiduría con nuestros disparates que con nuestra ilustración

La rebeldía a los ojos de todo aquel que haya leído algo de historia, es la virtud original del hombre

Los hombres casados son horriblemente aburridos cuando son buenos maridos, e insoportablemente presumidos cuando no lo son

El mundo llama inmorales a los libros que le explican su propia vergüenza

El valor de una idea no tiene nada que ver con la sinceridad del hombre que la expresa

Que un hombre muera por una causa no significa nada en cuanto al valor de la causa

El único deber que tenemos con la historia es rescribirla

la opinión pública

Existen en la actualidad asuntos importantísimos de explotación sociológica y política: lo de Marruecos, los sistemas de colonización francesa y española, el gran problema de las finanzas, la identidad de la Europa feudal y la América colonial, la difícil cuestión de la procedencia de los primeros habitantes de este continente, y muchísimos más. Pero creo que brilla sobre todos la eternamente nueva y eternamente vieja opinión pública.

¡La opinión pública, freno de gobernantes y único timón seguro para conducir con éxito la nave del Estado! ¡La opinión pública, morigeradora de las costumbres políticas, de las costumbres sociales, de las costumbres religiosas!

Supongamos que pudiera existir un hombre que participe sincera e idénticamente de estas ideas. Luego este hombre debe llamarse Francisco o Manuel y estar a la media edad, entre gordo y flaco, entre barbudo y no barbudo.

Este don Francisco o don Manuel, tiene que ser pequeño, de párpados con bolsas, usar jaquet y detestable sombrero.

Andará lentamente, blandiendo el bastón y moviendo las caderas.

Solterón y aburrido, deberá tener una amiga que fue amiga de todos, conquistada a fuerza de acostumbramiento, y a quien cualquier mequetrefe pudo llamar: Pst. Pst... (etc.).

Esta amiga –Laura o Judith- tendrá cualquier nariz –pongamos aguileña-, cualquier cabello –canela-, cualesquiera ojos –pardos-, y será larguirucha y voluntariosa.

Puede vivir al cabo de una calle sucia.

Puede tener amigas muy alegres con quienes celebre sesiones animadas, que salpicarán el cuento como el lodo un vestido nuevo, al manotazo de un caballo en una charca.

El pequeño sociólogo, ¡oh maravilla!, tendrá que ir dos veces por semana al cabo de la calle conocida y dará vueltas junto a la puerta, mirando a todos lados, azorado, procurando evitar un mal encuentro. Cuando le arroje a la ventana la piedrecilla del silbido, ella hará gruñir los cristales y le contestará con la rabia de sus ojos.

Naturalmente, ella debe divertirse a costa de él, aunque con él no le sea posible divertirse.

Y como el sociólogo no tendrá mal olfato, y como casi nunca sabrá lo qué decir, ha de toser un poco enojado.

-Oyte, Laura –o Judith-, yo creo que aquí no has estado sola. Dime de quién es esa colilla.

Ella lo aplastará con el silencio.

Entonces, el sociólogo, acoquinado, tendrá que callar también un rato.

Después de ese rato:

-Bueno, Laura –o Judith-, no seas así. Parece que yo viniera a pedirte... por caridad. Anoche has estado con uno de mis amigos y él me lo contó, sin saber que...

Gran reacción.

-Ve, animal: ya no puedo aguantarte más tus cochinadas. ¡Si vienes otra vez con esas, te rajo la cabeza!

Pensamiento:
“Si esta mujer me raja la cabeza, ¿qué dirá la opinión pública?”
Pablo Palacio, El cuento

16.9.04

r.i.s.a.

Si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes.
Woody Allen

¡señora!

-Usted fue, sí, usted fue.
-¿Señora...?
-Le digo que fue usted; no sea sinvergüenza.
-Pero... ¡señora...! perdone: no sé de lo que se trata.
-¡Ah! cínico... Devuélvame enseguida lo que ha cogido.

El hombre sintió un crujido en el armatoste de su buen juicio y se quedó viendo la cara de la rabiosa con ojos desencajados.

-¿Fue usted quien estuvo sentado junto a mí en el Teatro?
-... Sí, señora; así me parece...
-Entonces, ¿qué hizo de mi saquito de joyas?
-Pero, ¿qué saquito de joyas?
-¡Oh! Esto es demasiado. Y ¡claro!, no podía ser de otra manera. ¡A lo que hemos llegado! Usted se va conmigo, jovencito, y no diga nada porque no quiero hacerle tomar un chasco. ¡Se ha de creer que sea yo quien sienta vergüenza antes que él!

En la comedia moderna, el automóvil es un personaje interesantísimo; así es que se acercó un automóvil.

-A la Policía.

Anonadamiento. “¿Estoy yo loco o está ella loca? ¿Sueño o no sueño? ¿Qué es lo que me pasa? ¿Soy ladrón o no soy ladrón? ¿Existo o no existo?”. Alto grado de estupidez.

-¡Pero, señora!
-¡Vuelve usted con lo mismo! No me va a ser posible entenderme con usted. Ya se lo he dicho. Lo que tiene que hacer es devolverme lo que ha cogido y no venirme con lamentaciones. Nada de esto hubiera pasado si usted me hubiera devuelto eso enseguida. ¿A qué vienen sus fingimientos?
-Se lo juro, señora: no se qué es lo que usted me reclama.
-¡Cállese! ¡Cállese! Me va a hacer encolerizar. Tengo convencimiento de que fue usted y por eso hago lo que hago. Y no sé bien por qué procedo así. A pesar de la monstruosidad que acaba de cometer, me ha simpatizado; si no, estuviera ya en la Policía y vergonzosamente. Pero por algo noto que es una persona decente y estoy segura de que no sufrirá el bochorno de las investigaciones.

Policía.

-Vea joven, por Dios, devuélvame el saquito. Son joyas valiosísimas y es lo único que tengo. Figúrese usted lo que me va a decir mi marido cuando venga. ¡Ah! Y todo por la ausencia de él... Lo que me va a decir cuando venga. Vea, joven, compadézcame...
-Bueno, diablos, ¿qué es lo que pasa? Le he dicho que no tengo nada suyo. ¿Entiende usted?: No-ten-go-na-da-su-yo. Ya estamos en la Policía. Siga, señora.
-No, no baje; no se moleste. Yo no quiero hacerle quedar mal. Caramba, caramba. Calle usted. No, no; esto no puede ser. Yo sé que usted se compadecerá de mi. Adolfo, siga a casa.
-¡Maldición!

Y estupidez definitiva: “¿La mato o no la mato? ¿Estoy loco o está loca? ¿Qué hora es? ¿A dónde voy? ¿Hay un amigo tras la noche o un enemigo? ¿Quién es esta mujer? ¿He robado o no he robado?”.

-No intente arrojarse... se estrellaría. Vaya más ligero, Adolfo, más ligero.

Y como el viaje fuera largo, el hombre tuvo miedo.

Brillaban dos ojos de gata.

Naturalmente, empezó a llover fuerte.

-No recele de nada. ¿Cree usted peligrosa a una mujer sola, en la noche? Oh, que niño... No nos lo comeremos a usted. Pero, hable. ¿Por qué no habla? ¿Se le ha secado la boca?

Silencio empedernido. Desfile, ante la imaginación, de todos los gestos, actitudes y aptitudes de lo absurdo.

-Ya hemos llegado. Tenga la bondad de bajar, joven. No: por acá. No tenga ningún recelo. Fíjese usted en el peligro que le ofrece una mujer sola. Entre. Suba. Caramba, el susto que me ha dado. Yo creí no volver a ver más aquello, que es lo único que tengo. Ay, pero hace un frío terrible. Entre, siéntese. (Silencio). Ahora lo que necesito son las joyas. Hágame el favor, joven.
-Pero, señora, ¿qué es lo que le pasa? Se lo he repetido hasta la saciedad: yo no tengo sus joyas.
-Bueno, primeramente dígame por qué me dice señora...
-...Porque así lo parece.

Y la señora río.

-Caramba, caramba... Perdóneme usted que sea tan molestosa; pero, ya comprenderá... mi situación es de las más difíciles... Ya sabe usted que mi marido está ausente, y puede caerme aquí de sorpresa después de dos, tres, cuatro días... ¿Y qué le diré yo de esas joyas? Como él es un poco celoso, quién sabe que cosas va a figurarse. ¡Ay, no, Dios mío, si cuando yo pienso en lo que él puede pensar de mí, soy capaz de enterrarme viva...! Perdóneme; yo sé que estoy obrando muy indiscretamente, pero es que ahora no puedo hacer nada bien... Permítame que le exija su abrigo...

La señora buscó inútilmente en todos los bolsillos y lo colocó sobre una silla.

-¡Oh! Pero no vuelva a ponérselo. Aguarde usted. Caramba; pero que frías tiene las manos. ¿Quiere tomar una copita? ¿Ron? ¿Cognac? ¿Whisky...?
-No bebo nada, señora.
-Uff, qué seriedad... Es de ver al chiquillo. ¿Me perdona un momento? Yo misma voy a traer, porque no quiero despertar a los criados, y ya veremos si rehúsa. De paso traeré también un pequeño utensilio para que arreglemos lo de las joyas.

Por fuerza, había dejado de llover.

Miradas rápidas y alocadas. Una ventana baja fue el milagro. Puesto que no había peligro de que se rompiera la osamenta, por allí debía salvarse el hombre –y también el cuentista-, para luego, azorado, hundirse en el camino.

Al ruido de la ventana, es evidente que la señora debió regresar a la sala; y al no encontrar a la víctima, salir a ver presurosamente, hostil, rabiosa, dada a los mil diablos.

Se mesaría los cabellos. Echaría en el lago quieto de la noche, atado al final de su larga mirada exploradora, este volumen:
-¡Zoquete!

Una honda golpeará el estupor del hombre.
Pablo Palacio

PD: un merecido homenaje al mejor cuentista lojano que ha publicado hasta ahora; y para la gran mayoría, donde dice "la comedia moderna", léase la década de 1920.

vietato introdurre biciclette

En los bancos y casas de comercio de este mundo a nadie le importa un pito que alguien entre con un repollo bajo el brazo, o con un tucán, o soltando de la boca como un piolincito las canciones que me enseñó mi madre, o llevando de la mano un chimpancé con tricota a rayas. Pero apenas una persona entra con una bicicleta se produce un revuelo excesivo, y el vehículo es expulsado con violencia a la calle mientras su propietario recibe admoniciones vehementes de los empleados de la casa.

Para una bicicleta, entre dócil y de conducta modesta, constituye una humillación y una befa la presencia de carteles que la detienen altaneros delante de las bellas puertas de cristales de la ciudad. Se sabe que las bicicletas han tratado por todos los medios de remediar su triste condición social. Pero en absolutamente todos los países de la tierra está prohibido entrar con bicicletas. Algunos agregan: "y perros", lo cual duplica en las bicicletas y en los canes su complejo de inferioridad. Un gato, una liebre, una tortuga, pueden en principio entrar en Bunge & Born o en los estudios de los abogados de la calle San Martín sin ocasionar más que sorpresa, gran encanto entre telefonistas ansiosas o, a lo sumo, una orden al portero para que arroje a los susodichos animales a la calle. Esto último puede suceder pero no es humillante, primero, porque sólo constituye una probabilidad entre muchas, y luego porque nace como efecto de una causa y no de una fría maquinación preestablecida, horrendamente impresa en chapas de bronce o de esmalte, tablas de la ley inexorable que aplastan la sencilla espontaneidad de las bicicletas, seres inocentes.

De todas maneras, ¡cuidado gerentes! También las rosas son ingenuas y dulces, pero quizá sepáis que en una guerra de dos rosas murieron príncipes que eran como rayos negros, cegados por pétalos de sangre. No sea que las bicicletas amanezcan un día cubiertas de espinas, que las astas de sus manubrios crezcan y embistan, que acorazadas de furor arremetan en legión contra los cristales de las compañías de seguros y que el día luctuoso se cierre con baja general de acciones, con luto en veinticuatro horas, con duelos despedidos por tarjeta.
Cortázar, Material plástico

15.9.04

escepticismo

No nos engañemos: todos los grandes espíritus son escépticos. Zaratustra lo es. La fortaleza y la libertad que emana de la fuerza y de la superabundancia de energía espiritual se prueban mediante el escepticismo. Las valoraciones positivas y negativas de los hombres que tienen convicciones arraigadas han de ser puestas entre paréntesis. Las convicciones son cárceles. Tales hombres no ven lo bastante lejos, no ven lo que hay debajo de ellos, y para poder hacer valoraciones positivas y negativas hay que ver quinientas convicciones debajo de uno y detrás de uno. Un espíritu que ansía grandes cosas y que también quiere los medios necesarios para alcanzarlas, ha de ser forzosamente un escéptico. El estar libre de convicciones de todo tipo y el poder mirar con libertad forman parte de la fortaleza. La gran pasión, que constituye la base y la potencia de nuestro ser, que es más clarividente y despótico incluso que el intelecto humano, pone a éste enteramente a su servicio; aleja de él cualquier escrúpulo; hasta le da valor para utilizar medios no santos, y, en determinadas circunstancias, le permite tener convicciones. Éstas son un medio para algo y hay muchas cosas que no se logran más que por medio de convicciones. Esa gran pasión hace uso, pues, de convicciones y las consume, pero no se somete a ellas, porque se sabe soberana. La debilidad, por el contrario, necesita fe, necesita ser incondicional en sus afirmaciones y en sus negaciones, necesita sustentar una teoría como la de Carlyle.

El hombre de fe, el «creyente» de cualquier tipo, es, forzosamente, un hombre dependiente, alguien que no puede autoconsiderarse como un fin en sí mismo, que no puede fijarse fines por sí mismo. El «creyente» no se pertenece, no puede ser más que un medio, ha de ser consumido; necesita que alguien le consuma. Su instinto le hace situar en un lugar de honor una moral basada en salirse fuera de sí mismo. Todo le persuade a ello: su inteligencia, su experiencia, su vanidad. En esencia todo tipo de fe es una manifestación de un salir fuera de sí mismo, de un extrañamiento de la individualidad propia.

Comprenderemos muy bien lo que es la convicción, la «fe», si tenemos en cuenta lo necesario que es para la mayoría de los hombres tener un regulador que les vincule y les mantenga a raya desde fuera; si consideramos en qué medida la coacción -y en un sentido más elevado la esclavitud- constituye la condición única y definitiva que permite prosperar al hombre débil de voluntad, y principalmente a la mujer. La «fe» representa, así, la columna vertebral de todo hombre que tiene una convicción. Para que este tipo de hombres subsista, necesita no ver muchas cosas, no ser imparcial en nada, tomar siempre partido con todo su ser, tener una visión rígida y necesaria de todos los valores. Precisamente por eso la «fe» es la antítesis de la verdad, y el hombre de convicciones, el antagonista del hombre veraz.

El creyente no dispone de la libertad necesaria para tener conciencia del auténtico problema de lo «verdadero» y lo «falso». Ser honrado en esta cuestión le perdería. El condicionamiento patológico de su óptica convierte al convencido en un fanático -Savonarola, Lutero, Rousseau, Robespierre, SaintSimón-, en la antítesis del espíritu fuerte, que ha logrado ser libre. Pero el problema es que los gestos ampulosos y afectados de esos espíritus enfermos, de esos epilépticos de la idea, influyen en la gran masa. Los fanáticos resultan pintorescos y la gente prefiere contemplar gestos a escuchar razones.
Friedrich Nietzsche, El anticristo, cap. LIV

14.9.04

c.a.o.s.

Cuando el gran silencio descienda sobre todo y por doquier, la música triunfará por fin. Cuando todo vuelva a retirarse a la matriz del tiempo, reinará el caos de nuevo, y el caos es la partitura en la que está escrita la realidad.
Henry Miller, Tropic of cancer

sponge bob

BobEsponja no es un método anticonceptivo.
Matt Groening

13.9.04

la muerte I

Death is nothing at all. I have only slipped away into the next room. I am I, and you are you, whatever we were to each other, that we still are. Call me by my old familiar name, speak to me in the easy way you always used to. Put no difference in your tone, wear no forced air of solemnity or sorrow. Laugh as we always laughed at the little jokes we enjoyed together. Play, smile, think of me, pray for me. Let my name be ever the household word that it always was, let it be spoken without effort, no trace of a shadow on it. Life means all that it ever meant. It is the same as it ever was. There is unbroken continuity. Why should I be out of mind because I am out of sight? I am waiting for you, somewhere very near, just around the corner. All is well.
Henry Scott Holland

proverbs of hell (extracto)

In seed time learn, in harvest teach, in winter enjoy.

Drive your cart and your plow over the bones of the dead.

The road of excess leads to the palace of wisdom.

He who desires but acts not, breeds pestilence.

The cut worm forgives the plow.

Dip him in the river who loves water.

A fool sees not the same tree that a wise man sees.

He whose face gives no light, shall never become a star.

The busy bee has no time for sorrow.

The hours of folly are measur'd by the clock; but of wisdom, no clock can measure.

No bird soars too high, if he soars with his own wings.

A dead body revenges not injuries.

If the fool persist in his folly he would become wise.

Prisons are built with stones of Law, Brothels with bricks of Religion.

Excess of sorrow laughs. Excess of joy weeps.

The roaring of lions, the howling of wolves, the raging of the stormy sea, and the destructive sword, are portions of eternity, too great for the eye of man.

The fox condemns the trap, not himself.

JOys impregnate. Sorrows bring forth.

The selfish, smiling fool, & the sullen, frowning fool shall be both thought wise, that the may be a rod.

What is now proved was once imagin'd.

The cistern contains: the fountain overflows.

One thought fills immensity.

Always be ready to speak your mind, and a base man will avoid you.

Every thing possible to be believ'd is an image of truth.

The eagle never lost so much time as when he submitted to the learn of the crow.

The fox provides for himself, but God provides for the lion.

Think in the morning. Act in the noon. Eat in the evening. Sleep in the night.

He who has suffer'd you to impose on him, knows you.

The tygers of wrath are wiser than the horses of instruction.

Expect poison from the standing water.

You never now what is enough unless you know what is more than enough.

Listen to the foll's reproach! It is a kingly title!

The weak in courage is strong in cunning.

The thankful receiver bears a plentiful harvest.

If others had not been foolish, we should be so.

The soul of sweet delight can never be defil'd.

When thou seest an Eagle, thou seest a portion of Genius; lift up thy head!

As the caterpiller chooses the fairest leaves to lay her eggs on, so the priest lays his curse on the fairest joys.

To create a little flower is the labour of ages.

Damn braces. Bless relaxes.

The best wine is the oldest, the best water is the newest.

Prayers plow not! Praises reap not!

Joys laugh not! Sorrows weep not!

As the air to a bird or the sea to a fish, so is contempt to the contemptible.

Exuberance is Beauty.

If the lion was advised by the fox, he would be cunning.

Improvement makes strait roads, but the crooked roads without Improvement are roads of Genius.

Sooner murder an infant in its cradle than nurse unacted desires.

Where man is not, nature is barren.

Truth can never be told so as to be understood, and not be believ'd.

Enough! or Too much.

10.9.04

trapero

Picasso se burlaba siempre de esos artistas que declaran estar buscando algo, que definen su trabajo como una dramática investigación, una búsqueda en medio de la incertidumbre. Yo no busco, decía, yo encuentro: ¿cómo puede buscar alguien algo que no sabe lo que es? John Richardson, que lleva publicados dos volúmenes de su biografía fabulosa y le conoció muy de cerca, cuenta que Picasso se definía a sí mismo como “el rey de los traperos”: iba siempre atento a lo que pudiera encontrarse tirado por el suelo, a lo que aparecía en la basura o en el desorden formidable de su propio estudio, donde lo mismo podía haber, entre montañas de cosas descabaladas y absurdas, una carta amorosa de Víctor Hugo olvidada debajo de una máscara de goma, una alfombra que reproducía en colores chillones Las señoritas de Aviñón, diversos gatos de cerámica y objetos de ferretería, un bote de colonia recibido como regalo en la Navidad de 1937 y nunca abierto, una gran tarta italiana endurecida y comida a medias por los ratones –de modo que guardaba un cierto parecido con el Coliseo-, un modelo a escala y en mazapán del monumento a Colón de Barcelona. Picasso no tiraba nada, dice Richardson: en una alacena tenía guardadas centenares de llaves de todos los tamaños, y casi todas herrumbrosas. Algo parecido le escuché contar hace unos años a otro biógrafo excelente, Pierre Daix: iba por la calle charlando con alguien y de pronto se quedaba callado y se inclinaba hacia el suelo con una expresión de ensimismamiento y maravilla, y era que había encontrado una tuerca que le gustó mucho y que después utilizó en una escultura.

Lo mejor no es lo que se va buscando, sino lo que se encuentra por sorpresa. Uno nunca está más a la altura de lo mejor de sí mismo, dice Nietzsche, que cuando está preparado para recibir lo que le traiga el azar. Por azar encontré yo en un puesto callejero, una mañana dominical de septiembre, las memorias de John Richardson, en las que hay tanta vivacidad y ligereza de escritura como hay sabiduría en su libro inacabado y ya oceánico sobre la vida de Picasso. Por una serie de golpes del azar, de disposiciones favorables hacia lo mejor que le sobreviniera, Richardson fue encontrándose desde su juventud con una serie de personas más o menos extravagantes o admirables que alimentaron una vocación colmado a lo largo de los años: muy pronto se dio cuenta de que no podría ser un buen pintor, pero ese hallazgo, en vez de suministrarle amargura, le guió hacia las mejores cualidades de su talento, que era el de la apreciación y el disfrute de las obras de otros, sobre todo de los grandes maestros del siglo XX, todavía vivos y empeñados en el trabajo, aún no convertidos en leyendas inaccesibles y canónicas, no sepultados en los catafalcos de los museos ni de los manuales de arte.

Cada año, por Navidad, Georges Braque enviaba a sus amigos felicitaciones con dibujos a tinta china o acuarelas de pájaros. En una juerga, Picasso decidió que le interesaba casarse con la princesa Margarita de Inglaterra, y para que Richardson y su compañero Douglas Cooper vistieran adecuadamente cuando fuesen a Buckingham Palace a formular la petición de mano, les hizo a cada uno una corona y una corbata de cartón. Una mañana, en uno de aquellos estudios de Picasso que eran como almacenes de trapero, Richardson vio de pronto una escultura hecha tan sólo con desperdicios, una cabra preñada: la panza era un cesto de mimbre; la espina dorsal, una hoja de palma; las ubres, dos jarras medio rotas; la vulva, una lata de conservas rajada; el ano, un trozo de tubería, en el cual Picasso tenía el propósito de insertar uno de esos dispositivos que hacen gemir a los muñecos y a los animales de juguete cuando se los aprieta.

Hay quien se la pasa la vida buscando o diciendo que busca algo y no encuentra nada, no logra más que simulacros laboriosos y muertos. Como un trapero que también fuera un chamán, Picasso juntaba lo que nadie quería –una lata, un cesto viejo, dos jarras, un trozo de tubería-, y a partir de esa materia, mucho menos noble y dócil que el barro, creaba una figura casi viviente de animal, una cabra primitiva y totémica. El manillar oxidado y el sillín de una bicicleta se convertían, gracias a sus manos y a su mirada de antracita, en la cabeza de un toro. Todo se pone de golpe en tu camino, dice Philip Roth hablando del acto de escribir, y no hay carretera apartada que no lleve en línea recta a tu obsesión. Ahora me intriga saber qué encuentran esos mendigos lunáticos que deambulan a media noche examinando los cubos de basura.
Antonio Muñoz Molina

9.9.04

the doors

If the doors of perception were cleansed, everything would appear to man as it is: infinite
William Blake, The marriage of heaven and hell

PD: de esta sentencia fue que salió el nombre de la agrupación de Mr. Morrison, para aquellos que no lo sabían